La economía doméstica dejó de ser una cuestión de ajuste y se volvió una búsqueda activa de alternativas. Según el estudio Consumer Outlook 2027 de NielsenIQ (NIQ), el 76% de los consumidores de América Latina está buscando nuevas fuentes de ingresos, y cuatro de cada diez evaluarían incluso un cambio de trabajo para mejorar su situación económica.
El relevamiento, que recoge opiniones de más de 21.000 consumidores en 31 mercados, retrata a un comprador que compara, investiga y prioriza beneficios concretos antes de gastar. La tecnología se sumó a esa ecuación: el 58% admite que las recomendaciones generadas con inteligencia artificial influyeron en alguna decisión de compra.
El precio de la comida, primera preocupación
El costo de vida sigue ordenando la agenda. El 29% de los consultados señala el encarecimiento de los alimentos como su mayor inquietud, por delante de los servicios básicos (19%) y el temor a una desaceleración económica (17%). Más atrás aparecen la delincuencia (15%) y la inestabilidad política (14%).
Ese contexto convive con una percepción dividida sobre la propia economía: el 37,3% cree que su situación mejoró en el último año, mientras que el 28,7% siente que empeoró.
A la hora de decidir, el 64,1% opta por guardar el dinero cuando un producto no ofrece ventajas claras frente a otras opciones. Pero cuando el gasto se justifica, el 58,7% prefiere calidad o categorías prémium.
En Centroamérica, la canasta relevada por NIQ subió 3,8% en los doce meses hasta agosto de 2026, por encima del 2,5% del período previo. Los abarrotes y las bebidas no alcohólicas concentran el 36% de las ventas de autoservicios.
La IA entra al carrito
El uso de asistentes digitales ya no se limita a la búsqueda de información. Casi un tercio de los latinoamericanos (29%) recurre a herramientas de inteligencia artificial para comparar productos o definir qué comprar, y más de la mitad reconoce que esas sugerencias pesaron en su decisión final.
Frescura y transparencia, dispuestas a pagar más
El interés por el bienestar también se traduce en precios. El 70,1% pagaría más por alimentos frescos sin conservadores, y el 54,7% aceptaría un sobreprecio por productos con información clara sobre ingredientes y origen.
Además, el 60,3% anticipa que los tratamientos GLP-1 —usados en ciertas condiciones metabólicas y para el control de peso— modificarán los hábitos de compra de alimentos, bebidas y productos de salud. NIQ aclara que se trata de una expectativa de los consumidores y no de un cambio de conducta ya verificado.
Un consumidor más informado
El informe proyecta para 2027 un comprador digital, más documentado y cuidadoso con el gasto, que intentará combinar ahorro con calidad. Para las empresas, el desafío será traducir esa demanda en beneficios tangibles y respuestas concretas a necesidades que cambian rápido.