El 9 de octubre de 2026 un sismo de magnitud 7,5 estremeció el sur de Panamá, generando desplazamientos de hasta 1,20 m en el terreno de Búcaro, Los Santos, y hundimientos de entre 15-30 cm en Isla Cañas.

El estudio fue llevado a cabo por el geofísico panameño Isaac Guerra Araúz, becario doctoral de la Senacyt, quien tomó datos en Búcaro, La Pitaloza y Mariato, en la costa de Veraguas y el sur de Azuero. Sus mediciones revelaron desplazamientos horizontales de entre uno y 1,20 m, además de movimientos verticales cercanos a un metro en la zona de Búcaro.

Medidas de campo y hallazgos

En sectores como Tonosí, Soná y Mariato se observaron fisuras y alteraciones visibles en la superficie, vinculadas al temblor. El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá relacionó el evento con la falla de Azuero-Soná, cuya ruptura se extendió aproximadamente 90 km.

"Observamos desplazamientos horizontales de hasta un metro y verticales cercanos a la misma magnitud", explicó el geofísico Isaac Guerra Araúz.

Implicancias para la zona costera

El estudio también documentó hundimientos de 15-30 cm en Isla Cañas y deformaciones del fondo marino que podrían haber favorecido la generación de olas durante el sismo. Se reportaron arrecifes expuestos incluso en marea alta, aunque aún faltan mediciones precisas para confirmar su alcance.

Comentarios de expertos internacionales

El ingeniero estructural japonés Kit Miyamoto, director ejecutivo de Miyamoto International, calificó al terremoto como "uno de los movimientos más grandes que han afectado áreas pobladas en 2026" y advirtió que una magnitud similar causaría serios problemas estructurales en ciudades como Los Ángeles.

"Este sismo está entre los más fuertes que han afectado áreas pobladas en 2026", afirmó Kit Miyamoto.

Los resultados, publicados en mayo de 2026 en la revista Tectonophysics, complementan un modelo tridimensional del subsuelo panameño desarrollado entre 2013 y 2023, que reveló la presencia de un sistema de doble subducción bajo el occidente del país.

El análisis de estos desplazamientos servirá para contrastar mediciones de campo con modelos de ruptura sísmica y mejorar la comprensión de fallas activas en la región, información clave para futuras inspecciones estructurales y planes de mitigación.