En 2025‑2026 la producción nacional de leche cruda rondó entre 160 y 189 millones de litros, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censo citadas por la Asociación Nacional de Procesadores de Leche (Anaprole). Ese rango está lejos de cubrir la demanda interna y evidencia una tendencia a la baja sostenida.

Dominio de los productores de grado C

Cerca del 85 % de las fincas lecheras activas en el país son de grado C, compuestas mayormente por pequeñas y medianas empresas rurales. Estas unidades generan la mayor parte del empleo en comunidades del interior y aportan alrededor del 80 % de la leche procesada por el gremio.

"Panamá tiene oportunidades para ampliar sus mercados y desarrollar productos nacionales, pero para aprovecharlas se debe fortalecer la capacidad productiva", señaló Emilio Ho Chang, presidente de la Asociación de Procesadores de Quesos y Lácteos de Panamá (Aproquelpa).

Factores que agravan la caída

Tres fuerzas estructurales convergen en la crisis: la disminución constante de la producción local, el rápido aumento de importaciones de lácteos y sustitutos, y la culminación de la desgravación arancelaria del Tratado de Promoción Comercial con EE. UU., que afecta especialmente a quesos y leche en polvo. Además, fenómenos climáticos como El Niño y La Niña han reducido los volúmenes de leche recibidos, que se han acercado a la mitad en pocos años.

Impacto en la industria y empleo

Entre enero y abril de 2026 la producción de leche evaporada, condensada y en polvo cayó 34.9 %, pasando de 5.85 millones a 3.81 millones de kilos. La leche pasteurizada disminuyó 5.8 % y la leche natural destinada a derivados bajó 12.5 %. Estas reducciones repercuten en plantas industriales y en el empleo de sectores vinculados.

"El desarrollo del sector lácteo requiere la participación de toda la cadena, gobierno, productores, industrias, proveedores, comercio, academia y consumidores", añadió Ho Chang.

Perspectivas y propuestas

Aproquelpa insiste en la necesidad de una coordinación permanente entre los distintos actores para generar valor agregado, impulsar la capacidad productiva y abrir nuevos mercados. Sin una reorientación estratégica, los productores de grado C corren el riesgo de desaparecer, lo que afectaría la seguridad alimentaria y la posibilidad de que Panamá compita internacionalmente en quesos.

Según estimaciones de la Anaprole y gremios ganaderos, el sector aspira a recuperar niveles cercanos a 180 millones de litros para finales de 2026, aunque el techo histórico aún no se ha alcanzado.