Después de un ciclo marcado por la escasez, Mendoza encara la temporada hídrica 2026-2027 con un panorama alentador. El Departamento General de Irrigación (DGI) presentó su pronóstico de escurrimientos y anticipa condiciones húmedas en la mayoría de las cuencas, con volúmenes que superarían los promedios históricos.
El anuncio lo hizo el superintendente general del organismo, Sergio Marinelli, quien contrastó el punto de partida con el que viene: "Venimos de un año muy malo, con sequías moderadas y severas en todos los ríos, por lo que hemos tenido que empezar la temporada de riego con reservas bajas".
Para la agroindustria mendocina la noticia llega en un momento clave: el agua es insumo básico para la mayoría de los cultivos y condiciona la planificación de toda la temporada de riego.
Cuenca por cuenca, los números del optimismo
El caso más visible es el del río Mendoza. La previsión para el nuevo ciclo es de 1.780 hm³ (hectómetros cúbicos, es decir, millones de metros cúbicos), frente a los 797 hm³ de la temporada 2025-2026. Ese volumen representa el 129% de un año medio histórico en la estación de aforos Guido.
"El año pasado tuvimos menos de 800 hectómetros y este año el pronóstico nos indica que vamos a tener 1.800, o sea, 1.000 hectómetros más, más del doble", resumió Marinelli en declaraciones radiales. El funcionario subrayó el peso de esa cuenca por la población y las actividades que dependen de ella, desde el abastecimiento urbano hasta la producción agrícola del oasis Norte.
El resto de los ríos también muestra mejoras respecto del ciclo anterior:
- Tunuyán: 990 hm³ previstos contra 535 hm³ de la temporada pasada.
- Diamante: 1.090 hm³ frente a 548 hm³.
- Grande: 3.470 hm³ contra 1.638 hm³.
- Atuel: 1.080 hm³, con clasificación hidrológica normal.
- Malargüe: 310 hm³, también dentro de un año normal.
La nieve que cambió el escenario
El origen de este giro está en la cordillera. Según Marinelli, al inicio del invierno el panorama era desolador: "Hasta los primeros días de julio, nuestras estaciones indicaban lo que pasaba: no había nevado absolutamente nada". Después llegaron los episodios intensos: "Se produjeron todas las nevadas fuertes".
El superintendente calificó esas nevadas como las más intensas de los últimos 50 años por la cantidad de nieve caída en tan poco tiempo, aunque aclaró que en 2005 hubo un año con un volumen superior.
El pronóstico de Irrigación se apoya en la nieve acumulada y su equivalente en agua. Ese cálculo permite estimar cuánto recurso llegará a los ríos a lo largo del año hidrológico, pero no cómo se repartirá día a día. "De acuerdo al volumen de nieve que hay en la montaña, decimos cuál es el volumen de agua con el que vamos a contar a lo largo del año", explicó Marinelli.
La velocidad con la que se llenen los cauces dependerá de las temperaturas, un factor que el organismo no puede predecir con exactitud. Por eso, el propio informe aclara que los volúmenes previstos varían según la cuenca y no garantizan agua disponible de manera uniforme durante todo el año.
Con todo, el dato central es que Mendoza pasa de un ciclo de reservas bajas a uno con caudales por encima de la media histórica, un alivio para el agro y para el abastecimiento de una provincia que depende del deshielo.