La microbióloga Emilia Monteleone llevó adelante durante años un trabajo de selección y desarrollo que culminó en Nitrobac Evo, un biofertilizante foliar que Koppert Argentina presentó en los últimos meses. La base del producto es una cepa de Gluconacetobacter diazotrophicus, identificada como G3K06, aislada originalmente del interior de tejidos de caña de azúcar y luego adaptada para aplicarse sobre cultivos como el maíz.

Monteleone es gerente de Investigación y Desarrollo de la firma, dedicada a insumos biológicos, y viene de una familia con campo. Esa combinación entre microbiología y producción agropecuaria la marcó desde que eligió la carrera, hace casi tres décadas, cuando los microorganismos todavía no tenían el peso que alcanzaron después en la agricultura y la industria.

Del cañaveral al laboratorio

El punto de partida fue un cañaveral. El equipo buscó bacterias que vivieran dentro de los tejidos de la caña, las aisló y las cultivó para estudiar su comportamiento en distintas condiciones. Después llegó el análisis del ADN: la secuenciación del genoma completo permitió identificar qué genes estaban vinculados a funciones concretas y anticipar capacidades antes de pasar a las pruebas de campo.

El primer filtro era que el microorganismo pudiera colonizar el interior de una planta. Ese punto ya estaba resuelto en parte por el origen: si la bacteria provenía del interior de una caña, tenía la capacidad de ingresar y sobrevivir en los tejidos vegetales. Faltaba lo más importante: que pudiera fijar nitrógeno.

"Fuimos a buscar en el ADN que tuviera la maquinaria completa para fijar nitrógeno. Eso fue un desafío interesante", relató Monteleone.

Una bacteria que debe resistir el campo, no solo el laboratorio

Encontrar la cepa adecuada fue solo una etapa. Después hubo que convertirla en un producto capaz de sobrevivir en condiciones muy distintas a las del laboratorio. La aplicación es foliar, sobre hojas expuestas a rayos UV, desecación y altas temperaturas, y muchas veces se realiza junto con herbicidas, insecticidas y otros insumos.

Por eso el equipo desarrolló una formulación que mantiene vivas concentraciones altas de microorganismos y que resulta compatible con las mezclas habituales de los productores. Luego llegaron los ensayos de invernadero y las pruebas a campo.

"Esa bacteria se va a aplicar vía foliar, donde hay rayos UV, desecación y altas temperaturas. Y la voy a usar en el mismo momento en que estoy aplicando herbicidas, insecticidas, nutricionales y otros productos", explicó la microbióloga.

Un complemento, no un reemplazo

A diferencia de muchos inoculantes conocidos, que se aplican sobre la semilla o las raíces, Nitrobac Evo se usa sobre una planta ya desarrollada. La bacteria ingresa por las hojas, coloniza los tejidos y comienza a fijar nitrógeno atmosférico.

Monteleone aclaró que eso no implica eliminar toda la fertilización nitrogenada de un cultivo. El aporte funciona como una fuente adicional en un momento distinto del ciclo productivo.

"Lo que estamos aportando es una fuente complementaria en un momento diferente", señaló.

El desarrollo condensa casi tres décadas de una curiosidad que empezó en el campo familiar y terminó en un bioinsumo que Koppert ya comercializa. El desafío que sigue es el de siempre en este tipo de tecnologías: sostener la viabilidad de los microorganismos en las condiciones reales de producción y demostrar su aporte junto a la fertilización convencional.