Entre Chicago e Indianápolis, el tambo Fair Oaks Farms maneja un rodeo de 20.000 vacas Holando y convirtió lo que suele ser un pasivo ambiental en una línea de negocio. Su dueño, el doctor Mike McCloskey, reemplazó la laguna de efluentes por un sistema que produce biogás, fertilizantes y agua. La experiencia fue recorrida en septiembre por un grupo de socios de la Fundación Producir Conservando durante una gira técnica por Estados Unidos.
El dato importa porque la lechería estadounidense cambió de escala en tres décadas. Entre 1995 y 2025, el rodeo nacional se mantuvo cerca de los 9,5 millones de vacas, pero la producción por animal subió casi 50%: de unos 20 a más de 29 litros diarios en promedio. Así, el país pasó de 68.000 a 102.000 millones de litros anuales, con menos tambos y más grandes.
Cómo funciona el circuito
En Fair Oaks las vacas viven en galpones free stall con cama de estiércol seco y se ordeñan tres veces por día. Los efluentes viajan por cañerías con bombeo —la más extensa, de casi cinco kilómetros— hasta un biodigestor que genera biogás. Ese gas se vendía como electricidad a la red local hasta que se cayó el contrato. McCloskey lo reconvirtió en GNC para camiones y hoy decide entre electricidad, gas renovable o combustible según el margen de cada negocio.
Del efluente que sale del digestor se separa primero la fibra larga, que se seca y vuelve a los galpones como cama. El resto pasa por Varcor, una planta de Sedron Technologies que opera con recompresión mecánica de vapor, el mismo principio de las plantas de leche en polvo. El resultado son tres productos: fertilizante orgánico sólido sin olor ni semillas de malezas, nitrato de amonio líquido al 10% y agua que vuelve al riego o a los bebederos.
El impacto agronómico
Con este esquema, los nutrientes se aplican cuando el cultivo los necesita y no cuando hay que vaciar la laguna. El nitrato de amonio se usa como cualquier fertilizante líquido —equivalente al UAN, por ejemplo— con la sembradora o chorreado, sin incorporarlo al suelo. Además, al no circular cisternas pesadas por los lotes, se elimina una de las principales causas de compactación y se abre la puerta a la siembra directa.
El efluente de un tambo estabulado tiene alrededor de 4% de materia seca: lo que se mueve es, en esencia, agua. Se acumula durante meses en lagunas donde parte del nitrógeno se pierde como amoníaco, y luego se distribuye con cisternas que muchas veces circulan con el suelo húmedo. Por regulaciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y para no perder más nitrógeno, hay que inyectarlo o incorporarlo con labranza. Ese es el motivo por el que, según investigadores del USDA, la siembra directa no avanzó en muchos tambos estadounidenses.
Un modelo que se expande
Fair Oaks fue uno de los primeros en apostar a esta carrera y sigue entre los más innovadores. La lechería estadounidense ya no se limita a vender leche fluida: muchos productores se asocian para integrarse verticalmente y llegar al consumidor con productos de mayor valor agregado. También cambió la organización interna: empresas que antes tenían cuatro o cinco tambos completos, cada uno con su guachera y sus áreas de vacas secas, hoy centralizan esas funciones para concentrar especialistas y mejorar los índices.
El esquema agrícola de Fair Oaks gira alrededor del maíz para silo, que representa el 55% del costo del tambo. La tecnología de Varcor podría cambiar algo más que el manejo de efluentes: la forma de hacer agricultura en los grandes tambos.