En los primeros nueve meses de 2026, la estrategia conocida como carry trade en pesos generó los mayores retornos medidos en dólares CCL, según el análisis de GMA Capital. El estudio compara la rentabilidad de distintas alternativas locales frente a activos dolarizados.
Los instrumentos que marcaron la diferencia
Los Boncer encabezaron la lista, acumulando 30,1% de ganancia en pesos y 23,2% en dólares CCL entre enero y el 30 de septiembre. Le siguieron los plazos fijos UVA con un 21,3% en dólares CCL y los instrumentos duales con 19,9%. Ambos se beneficiaron de una inflación que mantuvo el valor real de la inversión y de un tipo de cambio que se mantuvo por debajo de esos rendimientos.
Las Lecap también se ubicaron entre los mejores, alcanzando 18,2% en moneda dura. Por debajo, la tasa TAMAR privada rindió 14,8%, la BADLAR privada 13,5%, los fondos de money market 9,6% y los Bopreal del BCRA 6,4%.
"La divisa muestra estabilidad a pesar de la firmeza del billete a nivel global", señaló un analista de Wise Capital.
Rendimiento mensual de septiembre
En septiembre, la tendencia se mantuvo: los instrumentos duales lideraron el ranking mensual con un avance de 1,6% en dólares CCL, seguidos por los Boncer (1,5%) y las Lecap (1,2%). La TAMAR privada subió 1,1%, mientras que el plazo fijo UVA y la BADLAR privada crecieron 1%.
En el extremo opuesto, los bonos Bonares perdieron 4,5%, los Globales retrocedieron 4,7% y el índice S&P Merval cayó 7,9%, evidenciando que la dolarización de la cartera no garantizó los mejores resultados.
Contexto cambiario y perspectivas
El dólar mayorista cerró la última semana en $1.515,50, mientras que el minorista se ubicó en $1.540 y el CCL en $1.609,03. La brecha entre el mayorista y el techo de la banda cambiaria se amplió a 27,27%. A comienzos de octubre, el Banco Central volvió a intervenir, absorbiendo USD 43 millones en una rueda y acumulando más de USD 14.790 millones en compras durante el año.
Los analistas privados proyectan una apreciación del dólar oficial de alrededor del 6,4% para fin de año, cifra que roza los rendimientos estimados de un plazo fijo tradicional (6%) y de un UVA (5,2%). La estrecha diferencia sugiere una competencia cada vez más ajustada entre la tasa en pesos y los instrumentos de cobertura cambiaria.