Panamá ocupa el puesto 70 entre 123 países en el índice de dominio del inglés de EF English Proficiency Index (EF EPI), un ranking que mide comprensión lectora y auditiva del idioma como lengua extranjera. En América Latina, la nación canalera quedó 15ª sobre 20, por detrás de Honduras, Guatemala y Costa Rica.
El dato cobra peso en un contexto donde los oficios que se pueden hacer a distancia —finanzas y tecnología, entre los principales— son justamente los que más exigen el idioma. Según el relevamiento difundido por la publicación especializada Nexos, el nivel requerido cambia según la función: estrategia y gestión de proyectos lideran con 551 puntos, servicio al cliente sigue con 546 y contabilidad y finanzas cierra la lista con 437, el registro más bajo.
La brecha que frena a los contadores
La consultora McKinsey ubica a negocios y finanzas entre los grupos remotos y de alta exigencia de inglés. Para un contador panameño, esa combinación implica que subir de nivel abre un mercado que hoy, en buena medida, queda fuera de su alcance.
Durante el reciente Foro Nacional para la Competitividad, distintos gremios locales presentaron una propuesta junto a la Universidad Tecnológica de Panamá, el Instituto Técnico Superior Especializado (ITSE) y el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH): un programa de inglés técnico orientado a logística. El cálculo que acompaña la iniciativa es concreto: llevar a una persona al nivel que pide una multinacional toma entre 12 y 18 meses.
IA: más oportunidad que amenaza
El otro frente que tensiona el empleo panameño es la inteligencia artificial generativa. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Banco Mundial estiman que cerca de 600.000 puestos del país están expuestos a esta tecnología, aunque solo 4% tiene potencial de automatización completa. Un 12% adicional podría aumentar su productividad y otro 15% queda en una zona gris cuyo resultado dependerá de cómo se incorpore la herramienta.
La exposición describe tareas que la IA puede tocar, no la desaparición del puesto. Un analista, por ejemplo, puede automatizar un primer borrador, una clasificación o un resumen, y conservar el juicio, la relación con el cliente y la responsabilidad sobre la decisión. La oportunidad supera al riesgo de sustitución: por cada empleo panameño con potencial de automatización hay tres con potencial de ganar productividad. El grupo más grande dentro de ese 31% sigue sin desenlace definido.
Quiénes quedan más expuestos
El patrón regional se concentra en empleos urbanos, formales, mejor pagados y con más educación. En promedio, las mujeres tienen el doble de exposición a la automatización que los hombres, por su mayor presencia en tareas administrativas y de oficina. Finanzas, seguros y administración pública aparecen entre los sectores con mayor potencial de automatización; educación, salud y servicios personales se inclinan hacia el aumento de productividad, porque parte de sus tareas puede acelerarse mientras la atención y la decisión siguen en manos humanas.
Al actualizar su índice global en 2025, la OIT llegó a una conclusión similar: uno de cada cuatro trabajadores está en una ocupación con algún grado de exposición, pero la transformación del puesto es más probable que su eliminación completa. Hay, además, un freno práctico: hasta la mitad de los puestos que podrían ganar productividad en América Latina carece de acceso suficiente a computadora o internet en el trabajo. Esa brecha digital puede retrasar tanto el beneficio como la disrupción.
El desafío, entonces, se reparte en dos decisiones. Para el trabajador, identificar qué tareas repetitivas puede delegar y cuáles requieren criterio propio. Para la empresa, medir tiempo, errores y calidad antes y después de incorporar una herramienta.