Un equipo de investigadores de la Universidad de Bristol describió por primera vez en pollos una célula del sistema inmunitario que no se conocía en esta especie: un linfocito T capaz de detectar grasas y de coordinar la respuesta defensiva junto a otras células. El trabajo, difundido en el European Journal of Immunology, abre la puerta a vacunas avícolas diseñadas con otra lógica y a un menor respaldo en antibióticos preventivos.
El dato importa más allá del laboratorio: la industria avícola global depende en buena medida de la medicación preventiva para sostener la sanidad de las granjas. Una herramienta inmunitaria nueva permite imaginar estrategias que estimulen las defensas propias de las aves.
Un puente entre dos respuestas
Las células NKT (células T asesinas naturales) funcionan como enlace entre la reacción inmediata y poco específica del organismo y la protección más lenta pero más durable que aportan los anticuerpos. En mamíferos, incluidas las personas, reconocen lípidos —moléculas de grasa— que les presentan proteínas especializadas llamadas CD1d, y al activarse liberan señales que convocan a otras células de defensa.
En pollos se sabía que existían versiones estructurales de esas proteínas presentadoras, bautizadas chCD1.1 y chCD1.2, pero faltaba la prueba de que hubiera linfocitos T funcionales capaces de responderles. El grupo que dirige Shahriar Behboudi, profesor de inmunología en la Escuela Veterinaria de Bristol, junto con Nitin Kamble, del Instituto Pirbright, y Faisal R. Anjum, cubrió ese vacío.
Grasa, no péptidos
Los investigadores separaron y purificaron dos subpoblaciones de linfocitos T de pollo, TCRVβ1+ y TCRVβ2+, y las enfrentaron a células presentadoras de antígenos (APC) activadas con CpG-ODN, un fragmento sintético de ADN bacteriano que despierta la inmunidad innata. Solo las TCRVβ2+ liberaron interferón gamma (IFN-γ), una molécula central en la lucha contra patógenos. Las TCRVβ1+ no reaccionaron.
La activación exigió que las células presentadoras estuvieran vivas: al fijarlas con formaldehído antes del cultivo, la producción de IFN-γ desapareció. Eso sugiere que el mecanismo depende de una actividad metabólica en curso dentro de esas células, y no solo de moléculas ya expuestas en su superficie.
La molécula que enciende la alarma
Para encontrar el disparador, el equipo revisó las enzimas de la ruta de síntesis de glicoesfingolípidos en las APC. El estímulo con CpG-ODN aumentó la expresión de ST3GAL5 (GM3 sintasa) y ST3GAL1, lo que apuntaba a la producción de gangliósidos. Al bloquear esa ruta, con inhibidores químicos (PPMP y NB-DGJ) o con silenciamiento génico mediante ARN de horquilla corta, la capacidad de las APC para activar a las TCRVβ2+ cayó entre un 50 % y un 60 %.
La prueba final fue directa: las APC cargadas con GM3 activaron de forma selectiva a los linfocitos TCRVβ2+, mientras que otro gangliósido, el GM1, no provocó respuesta. La citometría de flujo intracelular confirmó que las células productoras de IFN-γ tras el contacto con GM3 eran exclusivamente TCRVβ2+.
Un arsenal completo de defensa
Además de IFN-γ, los esplenocitos estimulados con GM3 expresaron IL-2, IL-4, IL-17, granzima A y perforina. Ese perfil replica la doble función que las NKT cumplen en mamíferos: convocar y activar a otras células defensivas y, a la vez, destruir células infectadas o dañadas. La expresión fue incluso más intensa con GM3 que con CpG-ODN.
El silenciamiento del gen chCD1.1 redujo de manera significativa la producción de IFN-γ inducida por CpG-ODN, lo que confirma que esa proteína participa en la presentación de los lípidos a las células TCRVβ2+.
El trabajo se limita por ahora al laboratorio. La confirmación de que las aves cuentan con un sistema de reconocimiento de grasas funcional es el punto de partida para explorar formulaciones vacunales que aprovechen esa vía y, en el mediano plazo, achiquen la dependencia de los antibióticos preventivos en las granjas.