María Elena Gauchat es ingeniera forestal y lleva casi tres décadas en el INTA Montecarlo, en Misiones, dedicada al mejoramiento genético de árboles. Allí coordina cruzamientos y ensayos que buscan ejemplares con madera de mayor calidad y rendimiento, un trabajo donde cada decisión se mide en años y no en meses.

La especialista nació en Rafaela, Santa Fe, en una familia ligada al campo. Cuando eligió su carrera se apartó de las opciones más tradicionales: en vez de Agronomía o Veterinaria, se fue a Santiago del Estero a estudiar bosques y maderas. "Fue una primera ruptura", recordó sobre aquella decisión.

El cambio definitivo llegó en un viaje de estudios a Misiones. "Realmente me enamoré. Dije: este es mi lugar en la Argentina", contó. Además de la afinidad con la región, le atrajo un detalle práctico: allí los árboles crecen mucho más rápido que en la zona pampeana.

Un calendario que no admite distracciones

En un cultivo anual, como la soja o el trigo, los resultados de una decisión se ven en pocos meses. Con los árboles, la escala es otra. Para comparar nuevos materiales primero hay que seleccionar individuos, hacer los cruzamientos y multiplicarlos. Solo obtener la semilla puede llevar unos 18 meses, y con el paso por vivero pueden pasar dos años antes de que el ensayo llegue al campo.

"Instalás el ensayo y tenés que esperar hasta el cuarto año para medir los árboles y empezar a decir: este pinta bien, este no", explicó Gauchat. Por eso, perder una campaña de trabajo tiene un costo alto: si no se recogió una semilla o no se hizo un cruzamiento a tiempo, todo el proceso se retrasa un año. "Hay que tener todo muy planificado", resumió.

Qué se busca en cada árbol

El objetivo más evidente es que produzcan más madera. Pero los criterios son muchos más. Se buscan fustes más rectos y menos cónicos, porque esa forma mejora el aprovechamiento de los rollizos en el aserradero. También se observa la copa: interesan menos ramas, más pequeñas y con un ángulo de inserción que reduzca los defectos de la madera.

El análisis sigue hacia el interior del material. "Nos tenemos que meter a un nivel microscópico", señaló la investigadora. Allí entran en juego las características de las fibras y, según la especie y el destino productivo, otros atributos. En Pinus elliottii, por ejemplo, también se puede seleccionar por producción de resina.

A simple vista, una plantación parece un conjunto de árboles idénticos. Para un genetista forestal es lo contrario. "Todos son iguales hasta que los empezás a mirar con un poquito más de detalle", afirmó Gauchat. Esa variabilidad entre individuos es la materia prima de su trabajo: se identifican los ejemplares con las características buscadas, se los cruza de forma controlada y comienza otra vez el proceso de evaluación.

Uno de los resultados de ese trabajo es el pino híbrido desarrollado localmente a partir del cruzamiento de dos especies, con Pinus elliottii var. elliottii como uno de los progenitores. El desarrollo de este tipo de materiales confirma que, en la genética forestal, la espera es larga pero cada año cuenta.