Enrique Erize es uno de los nombres que los productores argentinos buscan cuando necesitan interpretar el mercado de granos. Lo que muchos no saben es que ese prestigio se construyó después de una caída económica que lo obligó a empezar de cero. A los 45 años, con tres hijos, se quedó sin patrimonio: vendió su departamento, su casa en un country y hasta el auto para cancelar las deudas que había acumulado.
La historia trasciende el dato financiero. En ese momento, los abogados le ofrecieron presentarse en convocatoria de acreedores para postergar los pagos. Erize eligió el camino opuesto: desprenderse de casi todo antes que dejar mal parados a quienes habían confiado en él.
“Vendí todo, pagué todo y me quedé sin nada”, relató el analista.
El miedo a volver a mostrarse
La reconstrucción no fue solo económica. Según contó, el golpe le dejó inseguridad y temor a la mirada ajena. Le preocupaba cómo lo recibirían después de haberse fundido. Con el tiempo, esa desconfianza se fue disipando a medida que recuperó el respeto de sus colegas y clientes.
“Al poco tiempo empecé a tomar confianza, la gente me empezó a respetar. Hoy tengo el nombre ganado con sangre, sudor y lágrimas”, afirmó.
Erize no es ingeniero agrónomo, sino licenciado en Administración. Su llegada al negocio granario tuvo que ver con un tío vinculado a la dirigencia rural. Trabajó en acopios de Ameghino y Lincoln, y más tarde armó su propia corredora. Fue en esa etapa empresarial donde se produjo el quiebre que lo llevó a vender su patrimonio.
De los fax a las dos de la mañana a la consultora de referencia
La segunda etapa de su carrera está atada a otro nombre clave del análisis agrícola: Daniel Miró, con quien fundó la consultora Nóvitas hace más de tres décadas. Erize recuerda a Miró como uno de los primeros analistas de mercado, con capacidad para escribir y pensar el contexto. Fue él quien le propuso armar un informe; Enrique lo respaldó y después se sumó al proyecto.
Los comienzos tuvieron poco de tecnología y mucho de esfuerzo. Una oficina pequeña y un informe llamado AgroFax que debía llegar a operadores, empresas y productores ávidos de información para decidir sus negocios.
“Terminábamos de hacer los fax a las dos de la mañana”, recordó.
Con los años, esos vínculos se volvieron duraderos: hay clientes que siguen confiando en la consultora desde entonces. El recorrido familiar también explica parte de su carácter. Su bisabuelo llegó de España en el siglo XIX y fundó un pueblo en el oeste bonaerense que lleva el apellido familiar, en el partido de Puan. Hoy, según sus propios recuerdos, quedan apenas 18 habitantes. Erize nació en el campo y su familia conservó una explotación cercana hasta que una crisis obligó a venderla, hacia 1982.
En los últimos tiempos, el analista comenzó a insinuar la posibilidad de retirarse. Su trayectoria queda como ejemplo de que el valor de la palabra puede pesar más que cualquier activo.