El frigorífico Recreo, firma histórica de la localidad santafesina homónima, destinó 5,5 millones de dólares a una planta de rendering con la que empezó a procesar por cuenta propia los subproductos de la faena y del desposte. La empresa, que emplea a 500 trabajadores, busca así quedarse con un eslabón que antes cedía a terceros y sumar ingresos tanto en el mercado interno como en el exterior.
La decisión tiene una lógica simple de negocios. Hasta hace poco, todos los residuos industriales se entregaban a otra compañía a cambio de un recupero menor. Con la planta en marcha, esos materiales se transforman en sebo y harina de carne, productos con salida comercial. La firma también comenzó a exportar cueros salados, con China como primer destino para abastecer a la industria del calzado.
Qué procesa y cuánto
La nueva instalación trabaja únicamente con materia prima propia. El volumen oscila entre 45 y 55 toneladas diarias, según el ritmo de faena y desposte, lo que equivale a cerca de un millón de kilos por mes. Aunque la planta tiene capacidad para recibir material de terceros, por ahora la empresa prefiere concentrarse en sus propios subproductos.
El freno no es técnico sino energético. La disponibilidad de electricidad y gas condiciona cualquier aumento de producción y obliga a evaluar alternativas, entre ellas el uso de paneles solares.
La voz de la empresa
El vicepresidente de Recreo, Andrés Picech, explicó el cambio de estrategia durante la feria Sial de París:
"Todos los subproductos de la faena los veníamos entregando a otra firma. Entonces nos propusimos dar un paso más en la cadena de valor".
Sobre el negocio de los cueros, el directivo reconoció que la diferencia económica frente a la venta tradicional no es demasiado relevante. Aun así, valoró el aprendizaje y la posibilidad de ganar participación en otro tramo de la cadena, con la mira puesta en diversificar ingresos y depender menos de negocios de márgenes ajustados.
Materia prima cara y mercados exigentes
Recreo también opera una línea de chacinados y una granja porcina, aunque no logra autoabastecerse de animales: compra cerdos, los faena y destina la mayor parte a embutidos y fiambres, además de vender algunos cortes frescos y congelados.
En carne vacuna, el presidente de la compañía, Gustavo Ingaramo, puso el foco en la presión que ejerce el precio de la hacienda sobre la rentabilidad industrial:
"Si el comprador está dispuesto a pagar determinado valor y la materia prima supera ese precio, con el costo de transformación la industria queda en el medio, hecha un sándwich".
Y completó: "Toda la cadena de valor tiene que tener rentabilidad, si no, no va a funcionar".
El mapa externo
Europa sigue comprando los cortes finos del cuarto trasero y muestra interés creciente por carnes con mayor marmoleo. Picech describió ese mercado como "tranquilo", con señales de que los precios habrían tocado un techo.
China continúa siendo un destino relevante, pero la escasez de vacas y el alto valor de la hacienda complican los números. Estados Unidos también ofrece oportunidades, aunque la mayor competencia brasileña presionó los precios.
Con la planta de rendering y la exportación de cueros, Recreo apunta a capturar más valor de cada animal faenado. El próximo desafío pasa por resolver la restricción energética para ampliar el volumen de procesamiento.