La relación de Javier Milei con la Casa Blanca abrió una instancia menos visible: Washington se consolidó como el ámbito donde se decide qué sectores argentinos acceden a capital, cuáles funcionan como moneda de cambio y quiénes quedan habilitados para venderle al mercado más grande del mundo. El presidente estuvo esta semana en la capital estadounidense. No se cruzó con Donald Trump, pero en su agenda apareció un nombre de peso: Harold Hamm, empresario petrolero, aliado político y aportante del mandatario republicano.
Vaca Muerta y el desembarco de Hamm
Hamm no se sentó con Milei como un interlocutor más del universo republicano. En agosto pasado, su firma Continental Resources adquirió el 50% de Phoenix Global Resources y comprometió una inversión superior a US$4000 millones en Vaca Muerta. Phoenix está bajo control de Mercuria y contaba entre sus accionistas minoritarios con José Luis Manzano, exfuncionario del menemismo.
La trayectoria de Manzano en Estados Unidos ilustra el cambio en el vínculo que los grandes empresarios argentinos buscan construir con Washington desde la llegada de Milei al poder. Desde abril de 2024, el exministro del Interior y sus compañías contrataron servicios de lobby por más de US$615.000 para acercar sus propuestas a áreas clave de la administración Trump. Habitual de las reuniones del círculo rojo en Buenos Aires, Manhattan y París, Manzano busca colocar minerales críticos como el cobre con el respaldo del gobierno republicano. Su representante, Eric Bovim, llevó el asunto al Consejo Económico Nacional. Minera Aguilar, con yacimientos en Jujuy y también propiedad del empresario mendocino, hizo un movimiento similar.
Integra Capital USA, el fondo de Manzano, solicitó a John Barsa que facilitara encuentros con el Departamento de Estado y la Oficina del Presidente. Barsa fue funcionario de Trump en su primer gobierno y hoy trabaja para Continental Strategy, la consultora fundada por Carlos Trujillo, exembajador estadounidense ante la OEA.
Los minerales críticos, eje de la disputa geopolítica
Los minerales críticos dejaron de ser vistos en Washington como un negocio más. Estados Unidos los considera esenciales para su industria militar, la transición energética y el desarrollo tecnológico, en una cadena global que disputa con China. Por eso, una mina de cobre o litio en Salta, Jujuy o Catamarca adquiere interés geopolítico real.
No son solo empresarios argentinos los que golpean puertas en Washington para influir en asuntos locales. BHP, la minera más grande del planeta, es otro caso relevante. Su CEO, Mike Henry, encabezó personalmente una campaña para incorporar proyectos argentinos de minerales críticos a la agenda estadounidense de seguridad de suministro, infraestructura y financiamiento. El gigante global definió a la Argentina como un distrito clave en sus oficinas norteamericanas. Sus representantes pasaron por la Oficina de la Casa Blanca, la Oficina Ejecutiva del Presidente, el Consejo de Seguridad Nacional y agencias capaces de financiar proyectos considerados estratégicos.
BHP realizó una de las mayores apuestas del gobierno de Milei. En enero de 2025 destinó US$2000 millones para quedarse con la mitad de Vicuña, el proyecto minero más grande del país, orientado principalmente a la extracción de cobre, mineral clave para la transición energética y el futuro de los autos eléctricos.
Patentes de medicamentos: la otra presión
Washington no es solo una puerta de acceso a capitales y compradores. También es el lugar al que llegan las presiones para modificar reglas en la Argentina, y esas presiones alcanzaron al millonario negocio de los medicamentos. Allí se libra una disputa por patentes que enfrenta a los laboratorios locales con los estadounidenses. A fines de agosto viajó a Buenos Aires Jeffrey Goettman, uno de los principales funcionarios de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, en el marco de ese conflicto.
El respaldo político y financiero de Estados Unidos hacia la Argentina llega acompañado de pedidos concretos. La cercanía con la Casa Blanca habilita capital, pero también abre la puerta a exigencias sobre minerales, medicamentos y energía nuclear, tres frentes donde los intereses argentinos y estadounidenses negocian en despachos que rara vez trascienden.