El economista Mariano Flores Vidal, exgerente general del Banco Central y director de Hyperion Consultores, sostuvo que la Argentina no puede aspirar a un crecimiento sostenido si no avanza hacia un sistema bimonetario. Lo planteó al analizar la coyuntura posterior a las elecciones legislativas y las perspectivas para la segunda mitad del mandato de Javier Milei.
La mirada del consultor llega en un momento en que el FMI corrigió a la baja sus proyecciones para el país. El organismo estima ahora un crecimiento de 2,1% para 2026, frente al 3,5% que había previsto en abril y ratificado en julio. La revisión implica un recorte de 1,4 puntos porcentuales. En paralelo, el Fondo elevó su cálculo de inflación promedio anual para este año a 32,5%, cuando seis meses antes esperaba 30,4%.
El punto de partida del ajuste
Para Flores Vidal, el diagnóstico debe hacerse sobre el recorrido completo y no sobre un trimestre aislado. Recordó que cuando Milei asumió, la actividad ya acumulaba una caída desde junio de 2022, la inflación anual superaba el 200%, el déficit fiscal primario nacional equivalía a 2,7% del PBI y la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo llegaba al 150%.
Según su relato, el Gobierno estabilizó la economía con un ajuste fiscal de 4,5 puntos del PBI, una devaluación de 120% y una regla cambiaria hacia adelante. Tras tocar un piso en abril de 2024, la actividad creció 8,7% en diez meses, por encima del récord anterior.
La meseta de 2025 y el efecto electoral
El economista ubicó en el segundo trimestre de 2025 el momento en que la economía frenó su ritmo hasta un 1,1% anualizado. La razón que esgrime es política: la confianza para invertir más allá de la reposición de stocks estaba condicionada por el calendario electoral, y el tipo de cambio real, en niveles de convertibilidad, dejaba de ser de equilibrio.
Ese cuadro se destrabó, a su entender, con las elecciones de medio término. La estabilización cambiaria fue inmediata y la actividad volvió a responder en el cuarto trimestre. Sobre el tramo que viene, fue cauto: "El tercer trimestre en actividad está por verse, tuvo una caída fuerte en julio, pero ya vemos un repunte en agosto y creemos que septiembre también va a resultar para arriba".
El mundo, entre la resiliencia y la brecha
El informe de perspectivas globales del FMI que enmarca la discusión describe una economía mundial que resiste, pero de forma desigual. El documento atribuye esa resistencia a los márgenes de maniobra, la adaptación del sector privado y la inversión en inteligencia artificial. Al mismo tiempo, advierte que la inflación vuelve a subir y que se agranda la distancia entre los países que capturan el auge tecnológico o términos de intercambio favorables y los que sufren costos de importación más altos y demanda débil.
Con la premisa de que el conflicto en Oriente Medio no se agrave y los mercados energéticos se normalicen, el Fondo proyecta un crecimiento mundial de 3,1% en 2026 y de 3,4% en 2027, con una inflación que subiría a 4,7% y luego bajaría a 4,1% en 2027. El organismo también pide recomponer el espacio fiscal, preservar la estabilidad monetaria y financiera y fomentar la cooperación internacional.
Trabajo y apertura
En su lectura local, Flores Vidal vinculó el equilibrio del mercado laboral con la inserción externa del país. Sostuvo que ese equilibrio es más alcanzable con una Argentina abierta al mundo, en línea con su tesis de fondo: un sendero de crecimiento sostenido requiere, a su juicio, abandonar la lógica de un solo signo monetario.