El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) planteó que la inteligencia artificial está abriendo una etapa distinta para la industria: ya no se trata solo de fabricar más rápido y más barato, sino de crear productos y procesos que hoy no existen. Lo dijo durante su participación en el IA Day, donde describió el fenómeno como una transformación del conocimiento más que una simple mejora de productividad.

Según su lectura, esa diferencia es la que puede reordenar el mapa industrial de los próximos años. La tecnología, afirmó, permitirá investigar, diseñar y descubrir nuevos procesos, con efectos directos sobre las cadenas de valor, los costos y la competitividad de las empresas y los países.

De la productividad al conocimiento

El dirigente industrial sostuvo que durante siglos el desarrollo estuvo atado a la disponibilidad de recursos naturales, energía, capital y tecnología. En la nueva etapa, en cambio, el conocimiento puede alterar incluso el valor estratégico de esos recursos.

"La próxima gran revolución consistirá en producir cosas diferentes, con materiales diferentes, mediante procesos diferentes, para resolver problemas que hoy todavía no sabemos resolver", expresó.

En esa línea, señaló que el futuro de la industria no estará definido por lo que cada país sea capaz de fabricar, sino por los problemas que logre resolver. Esa capacidad, agregó, se convertirá en la ventaja competitiva central.

La escasez, vista como un problema de conocimiento

Para explicar el cambio, el titular de la UIA tomó como referencia al premio Nobel de Química y fundador de Google DeepMind, Demis Hassabis, quien plantea que el avance de la inteligencia artificial puede llevar a una era de abundancia radical al resolver problemas científicos y tecnológicos que hoy limitan la producción.

A partir de esa idea, el dirigente revisó un principio clásico de la economía: la escasez. Sostuvo que, en buena medida, no es solo un problema de recursos disponibles sino de conocimiento acumulado. Puso ejemplos históricos: el petróleo existía antes de que se supiera usarlo, el silicio estaba en la naturaleza antes de los microprocesadores y el sol siempre fue una fuente de energía, aunque durante milenios no hubo tecnología para convertirlo en electricidad.

"Los recursos estaban, lo que faltaba era conocimiento", resumió.

Qué cambia con la inteligencia artificial

El planteo central es que, por primera vez, hay una tecnología capaz de acelerar la propia generación de conocimiento. Las máquinas multiplicaron la fuerza física y las computadoras ampliaron la capacidad de procesar información; ahora, según esta visión, la inteligencia artificial empieza a multiplicar la capacidad de investigar, descubrir, diseñar y crear.

Eso podría traducirse en nuevos materiales, fuentes de energía más económicas, cambios en la producción de alimentos y procesos industriales que hoy no se imaginan. También en el reemplazo de materiales considerados estratégicos, en la transformación de procesos que demandan mucha energía y en la baja de costos de productos hoy caros.

El impacto, anticipó el titular de la UIA, se sentirá en las cadenas de valor, los precios relativos, las estructuras de costos y las ventajas competitivas de países y empresas. "La riqueza de una nación dependerá cada vez menos de los recursos que posee y cada vez más de su capacidad para incorporarles conocimiento y transformarlos", afirmó.

El cierre de su exposición apuntó al futuro industrial como una integración entre conocimiento, software, inteligencia artificial y mundo físico. La pregunta que dejó abierta es cómo se prepara el entramado productivo argentino para esa transformación.