La miel y el propóleo de Tetragonula carbonaria, una abeja australiana sin aguijón, lograron frenar el crecimiento de bacterias que suelen resistir los tratamientos en hospitales. El hallazgo lo publicó un equipo de la Universidad de Sídney en la revista PLOS One y abre la puerta a compuestos antimicrobianos que la ciencia todavía no conoce.

El trabajo lo encabezó Jasmin Li, candidata a doctorado, bajo la supervisión de Kenya Fernandes, de la Facultad de Ciencias. Probaron extractos de propóleo y muestras de miel de esta especie contra 16 patógenos bacterianos y fúngicos de interés clínico.

Qué bacterias logró combatir

La miel de la abeja sin aguijón detuvo el avance de las ocho especies bacterianas analizadas, tanto grampositivas como gramnegativas. Su potencia resultó similar a la de las mieles medicinales de Manuka y Jarrah. También actuó contra hongos dermatofitos como Microsporum canis y Trichophyton interdigitale, causantes de la tiña y el pie de atleta.

El propóleo mostró un comportamiento más selectivo. Fue muy eficaz contra Staphylococcus aureus, Enterococcus faecalis y Escherichia coli, con concentraciones inhibitorias mínimas de entre 4 y 128 microgramos por mililitro. En cambio, no tuvo efecto sobre levaduras ni sobre varias bacterias gramnegativas, entre ellas Pseudomonas aeruginosa y Klebsiella pneumoniae, dos de las que más complican a los hospitales.

Lo que todavía no se sabe

Los mecanismos conocidos no alcanzan para explicar la actividad registrada. El peróxido de hidrógeno de la miel mostró apenas una relación moderada con su capacidad antibacteriana. En el propóleo, el contenido fenólico total tampoco se vinculó de forma significativa con su potencia. La conclusión del equipo es que ambos productos contienen compuestos bioactivos que aún no fueron identificados.

"Ahora que hemos demostrado lo poderosa que es la miel de saco de azúcar, el siguiente paso es descubrir qué la hace tan efectiva, porque esos compuestos podrían ofrecer nuevas formas de combatir infecciones difíciles", señaló Fernandes en un comunicado de la Universidad de Sídney.

Saber ancestral y un límite productivo

El estudio retoma una práctica de siglos. Las comunidades indígenas australianas ya usaban los productos de las abejas sin aguijón como medicina, con un valor cultural ligado al arte, la mitología y la espiritualidad. La investigación moderna sobre miel medicinal, en cambio, se había centrado casi siempre en la abeja melífera europea (Apis mellifera).

Australia tiene once especies de abejas sin aguijón y T. carbonaria es una de las más manejadas. Sus nidos guardan miel y polen en pequeñas vasijas de propóleo, un contacto que podría facilitar el traspaso de compuestos entre ambos materiales. El volumen limitado de producción aparece como el principal obstáculo para pensar en un uso a mayor escala.