En un comunicado publicado hoy, el empresario guatemalteco y presidente del Programa Político Nacional del Partido Valor explicó que los ciudadanos de Guatemala están sujetos a un "impuesto invisible" que no está legislado, pero que se refleja en cada gasto cotidiano.

Costos ocultos en la vida diaria

El autor señala que la falta de carreteras en buen estado obliga a los conductores a consumir más combustible. Los atascos prolongados hacen perder horas valiosas, mientras que los trámites burocráticos pueden quedar estancados durante meses. Además, los comerciantes deben invertir en seguridad privada o, en el peor de los casos, pagar extorsiones para mantener sus negocios abiertos. Todo ello se traslada al precio final de los alimentos, el transporte y los servicios que llegan al bolsillo de las familias.

"No existen costos gratuitos", afirmó el dirigente.

Repercusiones en la economía y el empleo

Cuando el traslado de mercancías se encarece, la diferencia la absorbe algún actor del mercado, limitando la apertura de nuevos negocios. La consecuencia es una menor generación de puestos de trabajo. Según el propio autor, casi dos de cada tres trabajadores siguen en la informalidad, no por falta de voluntad, sino por la ausencia de un camino razonable para formalizarse.

Exigencias a la gestión pública

El empresario critica que, pese a que el Estado anuncia inversiones, muchas obras nunca se completan y los servicios digitales a menudo resultan en trámites absurdos. Propone que la administración pública se centre en ofrecer seguridad, justicia oportuna, carreteras transitables y reglas equitativas para todos, sin esperar que el sector privado asuma esas responsabilidades.

Guatemala, la economía más grande de Centroamérica y con una población joven, posee un potencial notable. Sin embargo, la suma de estos "impuestos invisibles" obstaculiza el crecimiento y la competitividad del país.