El próximo jueves desembarca en las salas argentinas Tierra de mi padre, la nueva película de Pawel Pawlikowski que ya fue designada por Polonia como su carta para los premios de la Academia de Hollywood. El film sigue a Thomas Mann en su retorno a una Alemania escindida tras años de exilio, y su protagonista, la alemana Sandra Hüller, dialogó con Fulana News sobre el desafío de encarnar a Erika, la hija del escritor.

La historia se sitúa en el verano de 1949. Mann vuelve para recibir el Premio Goethe por el bicentenario de su nacimiento, primero en la Frankfurt capitalista y después en la Weimar comunista. El autor cree que su tierra natal, pese a todo, continúa siendo una sola. Erika es uno de los ojos desde los que se observa esa ilusión, una mujer que transita las dos Alemanias.

Una carrera en ascenso

Hüller atraviesa desde 2023 un ritmo poco habitual. Ese año llegó su primera nominación al Oscar por Anatomía de una caída, el drama judicial francés que la consagró, y sumó un papel secundario en Zona de interés, que se quedó con el premio a mejor película internacional. En 2026 el impulso no se detuvo: protagonizó títulos muy distintos entre sí, con los elogios a su trabajo como único punto en común.

El director llegó a este proyecto después de que se cayera The Island, una producción que preparaba desde hacía años con Joaquin Phoenix y Rooney Mara y que se desarmó semanas antes de filmar, en medio de la huelga de actores de Hollywood. De ese revés nació la película que ahora llega a cartelera.

Lo que el director cambió de la historia real

Pawlikowski tomó decisiones que se apartan de los hechos. El viaje de 1949 Mann lo hizo junto a su esposa, Katia, y no con Erika. El cineasta lo explicó sin vueltas: la esposa no le resultaba "dramáticamente tan interesante", así que la dejó de lado y trajo a Erika. También alteró la cronología: la muerte de Klaus Mann, hijo del escritor, ocurrió en la realidad tres meses antes del viaje, mientras que en el film funciona como una sombra inmediata. A eso sumó personajes inventados, como unos nietos de Richard Wagner, para distender con algún toque de humor.

En Cannes, el realizador había justificado su mirada hacia el pasado: "Estoy perdido. No tengo idea en qué período estamos, por eso hice una película de época". Y agregó que la vida es complicada porque no hay una sola narrativa y todos somos paradójicos de alguna manera.

El film dialoga con las obras previas del director, como Ida (2013) y Cold War (2018), que también exploran las marcas que la Segunda Guerra dejó en Europa. El suicidio de Klaus Mann y las lecturas que su padre hizo sobre la muerte en la obra de Goethe atraviesan la trama. La película llega este jueves a los cines.