Subir y bajar escaleras durante apenas un minuto, a un ritmo tranquilo y elegido por cada persona, puede cambiar de forma notable cómo sube el azúcar en sangre después de comer. Así lo concluyó un ensayo controlado aleatorizado que publicó la revista Experimental Physiology, en el que participaron 30 adultos jóvenes sin diabetes.
El dato central: a los 60 minutos, la glucemia había subido en promedio 2,5 mmol/L en la condición con escaleras, frente a 4,3 mmol/L en la condición sentada. Es decir, el movimiento breve recortó cerca de un 40 % ese aumento.
Cómo se hizo la prueba
Los participantes completaron dos jornadas de test por la tarde, separadas por no más de siete días. En ambas tomaron una bebida con 75 gramos de dextrosa. En una permanecieron sentados; en la otra, subieron y bajaron 32 escalones durante un minuto.
El protocolo arrancó después de las 17:00 y el ejercicio se hizo 57 minutos después de la bebida, justo en el momento en que se esperaba el pico de glucosa. El esfuerzo percibido fue bajo: 1,9 sobre 10 en la escala de Borg modificada, con una frecuencia cardíaca máxima de 116 latidos por minuto (61 % de la máxima estimada).
Los investigadores tomaron muestras al inicio y a los 30, 60, 70, 80, 90 y 120 minutos. La diferencia entre ambos escenarios se notó a los 60 y 70 minutos, se achicó a los 80 y casi desapareció a los 90 y 120.
El momento pesa más que la duración
"El momento resultó importar más que la duración", sostuvo William A. Wallace, especialista en biología humana y tecnología de la salud, al comentar los resultados. Su lectura es que una caminata corta o unos escalones después de comer pueden aportar más al control de la glucosa que una sesión más larga hecha mucho más tarde.
El trabajo también midió el área bajo la curva y el área incremental bajo la curva, que fueron menores tras ese único minuto de actividad. El grupo estuvo formado por 13 hombres y 17 mujeres, con una edad media de 29 años, todos sanos y con al menos cinco horas de ayuno antes de cada prueba.
Los límites que marcan los autores
El propio equipo aclaró que se evaluó una bebida de glucosa y no una comida completa, y que solo participaron adultos jóvenes sin diabetes. Por eso, todavía falta comprobar si el efecto se sostiene con comidas habituales, en días consecutivos o en personas con alteraciones en el control de la glucosa.
El artículo remarca además que las respuestas de glucosa después de comer suelen ser más altas al final del día que por la mañana. En ese contexto, un minuto de actividad ligera produjo una reducción que los autores calificaron como sustancial.
La relación entre horario de ejercicio y glucosa también se analizó en una revisión sistemática con metaanálisis publicada en Sports Medicine y citada por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH). Ese trabajo reunió ocho ensayos cruzados aleatorizados, con 30 intervenciones y 116 participantes: 47 con diabetes tipo 2 y 69 sin ese diagnóstico. Allí se comparó ejercitarse antes de comer, después de comer y no moverse. El análisis halló que la actividad posterior a la ingesta redujo más las subidas de glucosa que la previa.