Juan Cruz Molina, ex presidente del INTA y ex secretario de Agricultura de Córdoba, volvió a la actividad privada de la mano de CREA, la organización que conoce desde sus primeros años como ingeniero agrónomo. Lo hizo después de dejar el organismo nacional cuando los ajustes, según su versión, cruzaron un límite que no estaba dispuesto a aceptar. Su recorrido le permite analizar la política agropecuaria desde ambos lados del mostrador, y hoy sostiene una preocupación que excede a los gobiernos de turno.
"Yo sigo creyendo que hay una Argentina posible", afirma Molina. Esa convicción la encuentra en sus hijos, en los jóvenes y en las localidades del interior donde la producción sostiene actividades y genera trabajo. Sin embargo, admite que esa idea no logra una expresión colectiva que trascienda al propio sector.
"No hay una narrativa conjunta para contar que somos los generadores de la Argentina posible", plantea. La discusión sobre cómo el agro se explica ante el resto de la sociedad y por qué los productores sienten que deben justificar su actividad de manera permanente atraviesa desde hace años al sector.
La huella del 2008 y la mística que se perdió
Al repasar su trayectoria, Molina recordó el conflicto por las retenciones móviles de 2008, cuando estuvo del lado de quienes protestaron en las rutas. Cuatro años después ya ocupaba la Secretaría de Agricultura de Córdoba. De aquel proceso rescata la construcción de una identidad colectiva que hoy percibe debilitada.
"Se generó una narrativa, una mística que yo hoy no escucho con la misma potencia", afirmó. Para él, el desafío pasa por abrir nuevas conversaciones sobre el papel del agro en la Argentina.
"Quiero que siga sucediendo esto que yo estoy viendo, por suerte, que es ver a agricultores orgullosos de ser agricultores", dice. La definición no se limita a quienes siembran: incluye a ganaderos, tamberos y a los productores que dan el primer paso industrial a sus materias primas. "Que no sientan vergüenza ni se sientan atacados ni acusados", reclama.
Federalismo y acción antes que discurso
Molina también pone el foco en la dimensión federal del problema. Menciona localidades cordobesas como Villa de María de Río Seco, Jovita, Villa Dolores y Marcos Juárez para cuestionar las miradas que pretenden explicar la producción desde afuera, sin conocer las condiciones de cada lugar.
El ex titular del INTA considera que el sector tiene una ventaja que todavía no aprovecha del todo: "Nosotros, como parte de este ecosistema del agro, lo podemos contar mejor, pero muchísimo mejor". Aun así, aclara que la solución no pasa solo por mejorar la comunicación ni por multiplicar discursos sobre las virtudes de la actividad.
"El punto es que tampoco hay que contárselo a todo el mundo, hay que hacer cosas y nada más. Hay que hacer cosas y contagiar", sostiene.
Una política que sobreviva a los gobiernos
Molina conoce las dificultades de transformar la realidad desde el Estado. Sus 14 años de servicio público incluyeron distintas responsabilidades y, según cuenta, una decisión deliberada de cambiar de posición cada cinco años. "Siempre pude elegir el lugar donde quería trabajar", recuerda.
Su paso por la función pública atravesó distintas etapas de la relación entre el Gobierno y el campo. Dejó la presidencia del INTA en medio de temores a un ajuste fuerte en el organismo, y su salida fue acompañada por el reconocimiento de referentes de la entidad. El regreso a CREA marca su vuelta al ruedo agronómico, ahora con la mirada puesta en construir una narrativa que, según él, el sector todavía no logra consolidar.