Un equipo internacional de científicos publicó en la revista One Earth un mapa que identifica el 13% de la superficie terrestre como área crítica para conservar la biodiversidad. El trabajo cruzó datos de 33.604 especies de vertebrados terrestres de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza con las presiones que la actividad humana ejerce sobre esos territorios. La fecha del anuncio coincide con el Día Mundial de la Ecología, que se conmemora cada 1º de noviembre.
El resultado no es un ranking de especies, sino una herramienta para decidir dónde invertir esfuerzos de protección. Las zonas señaladas combinan tres condiciones: animales con distribución acotada, poblaciones expuestas a riesgo de extinción y amenazas concretas sobre el terreno.
Dónde se concentran las áreas prioritarias
La mayor parte de estas superficies se ubica en regiones tropicales y en bosques de hoja ancha. En la Argentina, la selva paranaense de Misiones y las yungas del noroeste reúnen formaciones de ese tipo y albergan una diversidad biológica elevada, según el relevamiento.
El estudio también advierte que más de un tercio de la población mundial habita en estas zonas prioritarias. Por eso, sus autores sostienen que cualquier política de conservación debe incorporar las necesidades de las comunidades locales y no limitarse a cercar ecosistemas aislados.
"Identificar áreas que albergan niveles excepcionalmente altos de biodiversidad única, al tiempo que se enfrentan a amenazas derivadas de las actividades humanas, proporciona la información que los responsables de la toma de decisiones necesitan", afirmó Piero Visconti, director del Grupo de Biodiversidad, Ecología y Conservación del IIASA.
La tala, la amenaza más extendida
El modelo evalúa siete presiones sobre la vida silvestre: expansión agrícola, tala, urbanización, caza, contaminación, especies exóticas invasoras y cambio climático. La tala aparece en el 66% de las zonas críticas, seguida por la expansión agrícola, presente en el 44%.
El peso de cada factor cambia según el grupo de animales. Los anfibios y reptiles sufren más el impacto de las especies invasoras, mientras que en los mamíferos pesan más la agricultura, la urbanización y la caza.
El análisis también reveló que en el 61% de las zonas críticas la alerta surgió por la vulnerabilidad de un solo grupo de vertebrados. Esa particularidad amplía los criterios de los mapas tradicionales, que se basaban sobre todo en el endemismo —la presencia de especies exclusivas de una región— y en la pérdida de hábitat.
Una cuadrícula de 50 por 50 kilómetros
Para evaluar cada área, los investigadores usaron una cuadrícula de aproximadamente 50 por 50 kilómetros y asignaron más peso a las especies que viven en pocos sitios o que corren mayor riesgo de desaparecer. Ese diseño permite fijar prioridades a escala global, aunque no reemplaza los relevamientos locales que se necesitan para definir medidas concretas en cada territorio.
Según los autores, casi una de cada cinco zonas críticas no habría aparecido si el análisis se hubiera limitado a medir la destrucción de hábitat. El dato refuerza la idea de que la conservación requiere mirar varias amenazas a la vez y no solo la deforestación.