El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, negó que su gobierno haya organizado o coordinado la salida de Flávio Bolsonaro de Brasil. Lo dijo en una conferencia de prensa en Atlanta, en el marco de la reunión de cancilleres del G20, donde confirmó que Washington sí le permitió el ingreso al senador y ex candidato presidencial brasileño.

"Ya disponía de un visado, y el presidente tomó la decisión de permitirle entrar en el país", explicó Rubio al ser consultado sobre el arribo del legislador. El funcionario fue tajante al deslindar responsabilidades: "El Gobierno de EE.UU. no participó directamente" en los preparativos del viaje.

Rubio también evitó referirse a las acusaciones que Bolsonaro lanzó contra el proceso electoral brasileño y prefirió concentrarse en aclarar que la Casa Blanca no diseñó ni coordinó la ruta que usó el dirigente para abandonar su país.

Una salida bajo la lupa judicial

La partida de Bolsonaro, ex candidato del Partido Liberal (PL), quedó envuelta en polémica porque el ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes le había prohibido abandonar Brasil y había ordenado retenerle los pasaportes. La medida se enmarca en una causa por presunto lavado de dinero.

A pesar de esa restricción, la Policía Federal brasileña reconoció que no tiene un registro oficial sobre cuándo ni por dónde cruzó la frontera el senador.

Los datos migratorios indican que Bolsonaro entró a la Argentina el 27 de octubre con su esposa Fernanda y sus dos hijas, por el Puente Internacional Tancredo Neves, en Misiones. Esa misma noche, cerca de las 23:30, la familia tomó un vuelo privado desde Puerto Iguazú rumbo a Guayaquil, con escala previa antes de seguir hacia Miami.

Documentación en regla y roces diplomáticos

La Dirección Nacional de Migraciones argentina y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, afirmaron que el dirigente ingresó con documentación válida y sin alertas internacionales ni impedimentos legales en los sistemas locales.

El episodio activó gestiones entre Brasilia y Buenos Aires, en un vínculo bilateral ya deteriorado: desde agosto las relaciones se mantienen a nivel de encargados de negocios, después de que se retiraran los embajadores Julio Bitelli y Daniel Raimondi. En ese contexto, el Itamaraty citó a la encargada de negocios argentina, María Emilia Cortés, para pedir precisiones sobre una eventual colaboración de funcionarios del gobierno de Javier Milei. Según fuentes brasileñas, fue una audiencia para recolectar información, sin carácter de sanción ni protesta formal.