El próximo martes 3 de noviembre Estados Unidos define sus elecciones legislativas, y esta vez el resultado excede las fronteras del país. Donald Trump transformó los comicios en una medición de su propio respaldo popular de cara a los dos últimos años de mandato, ya que la Constitución le impide aspirar a un nuevo período en la Casa Blanca.
El problema para el oficialismo es que las señales no son alentadoras. El Partido Republicano llega dividido y con una base MAGA cada vez más fragmentada. Las críticas internas no apuntan solo a la política exterior: también pesan los aranceles y el encarecimiento de los combustibles, consecuencia directa del conflicto con Irán.
La imagen presidencial en picada
La revista británica The Economist difundió este sábado 31 de octubre un sondeo que ubica la desaprobación de Trump en 61%, frente a un 34% de aprobación. Otras mediciones, como las de Ipsos, Washington Post y ABC News, son todavía más duras: 66% de imagen negativa contra 32% de positiva.
Entre los principales reclamos de los estadounidenses aparecen el costo de vida, la política migratoria —que generó escasez de mano de obra— y el aumento del combustible tras el ataque a Irán. El precio del diésel trepó a máximos históricos: superó en promedio los 6,5 dólares el galón, el doble que en 2025.
Purgas en el Pentágono
El secretario de Guerra, Peter Hegseth, quedó en el centro de la tormenta. El jueves 29 de octubre echó al teniente general Brett Sylvia, jefe de estrategia y planificación del Estado Mayor Conjunto, conocido como J5. La versión oficial habla de una presunta "conducta indebida", aunque medios estadounidenses lo interpretan como una sospecha de filtración de información clasificada.
"Tras una exhaustiva investigación de la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI), el Departamento tomó las medidas necesarias para proteger información sensible", indicó un vocero del Pentágono.
Según CNN, varios militares sostienen que Hegseth desconfía de quienes ve como posibles rivales y actúa en consecuencia. Las tensiones internas en las Fuerzas Armadas ya son un secreto a voces.
Con ese cuadro, un Trump debilitado y sin reelección posible afronta la recta final hacia unos comicios que, según su propio planteo, funcionarán como un termómetro de su liderazgo y del rumbo que pretende imprimirle a la región en sus últimos dos años.