La economía argentina ha dejado atrás la emergencia inflacionaria, pero todavía funciona a dos velocidades. Mientras la estabilidad se ha consolidado en algunas variables macroeconómicas, el empleo, el consumo y el ingreso de muchas familias siguen mostrando señales de fragilidad. Según Hernán Lacunza, exministro de Economía, la situación se puede resumir en que "hay un motor que está a full y otro que está apagado".
El país atraviesa una etapa distinta a la de hace apenas un año. Lacunza explicó que hay dispersión en la economía, con luces y sombras. Las luces verdes son financieras: el dólar está quieto, la inflación bajó al 2% mensual, y la tasa de interés y el riesgo país también están estables. Sin embargo, las luces rojas siguen siendo la producción, el empleo y el consumo.
El principal desafío ha cambiado, según Lacunza. Ya no se trata de estabilizar la economía, sino de lograr que esa estabilidad llegue a la actividad cotidiana. Esto se percibe con claridad en el bolsillo de las familias. El ingreso disponible de los hogares, que mide cuánto dinero queda después de afrontar los gastos fijos de cada mes, es un indicador que explica por qué la desaceleración de la inflación no se traduce en una sensación de alivio para buena parte de la población.
El desafío del empleo
El empleo es el gran desafío de esta etapa, según Lacunza. La tasa de desempleo juvenil se mantiene muy por encima del promedio general. La situación de los menores de 29 años es uno de los focos de mayor preocupación. La paciencia no es infinita, y la gente pide trabajo.
Conclusión
En resumen, la economía argentina tiene un motor a full y otro apagado. La estabilidad se ha consolidado en algunas variables macroeconómicas, pero el empleo y el consumo siguen siendo un desafío. El desempleo juvenil es un foco de preocupación, y la paciencia no es infinita.