En Azul, Buenos Aires, un grupo de mujeres emprendedoras buscaba cultivar lavanda para elaborar desde postres hasta cosméticos, pero desconocían qué especies se adaptan al clima y al suelo de la región. Desde hace más de dos años, el INTA trabaja junto al Club de la Lavanda y la Facultad de Agronomía de la ciudad para evaluar distintas cepas y ofrecer una respuesta técnica.

Ensayos y variedades probadas

Los experimentos incluyeron material proveniente de provincias como Córdoba, Sierra de la Ventana, Bariloche y Mendoza. Según la ingeniera agrónoma Evangelina Bastien, “los productores tenían en sus casas semillas de distintas zonas, pero no sabían si podrían rendir a campo”. Se compararon dos líneas principales: la Lavandula angustifolia, orientada a la producción de flores secas, y los lavandines híbridos, cuyo objetivo es la extracción de aceites esenciales. Entre los híbridos evaluados destacan los cultivares Abrial, Grosso y Super.

“Nuestro favorito por el momento es el lavandín Super, que muestra mejor porte y mayor rendimiento de aceites”, señaló Bastien.

Condiciones del suelo y manejo agronómico

El principal obstáculo en Azul no es el frío, sino la naturaleza del suelo y la tendencia al anegamiento. “El frío no sería limitante, porque en Bariloche hay buenas producciones; el problema aquí es el tipo de suelo”, explicó la agrónoma. Para contrarrestar la humedad excesiva, los lotes se plantan en camellones elevados y se emplea riego controlado durante los dos primeros años, fase crítica para el establecimiento.

Se incorporaron rastrojos de cultivos vecinos como cobertura vegetal, reduciendo la presión de malezas y mejorando la retención de humedad y la materia orgánica del suelo.

Resultados y perspectivas

Los datos preliminares indican que el lavandín Super supera a los demás en crecimiento y producción de aceites esenciales, lo que lo vuelve atractivo para la industria cosmética y de aromaterapia. Los hallazgos ya se difunden en publicaciones y congresos, y el Club de la Lavanda los presenta en sus jornadas para que otros productores locales los apliquen.

Con esta información, las emprendedoras de Azul pueden decidir con fundamento qué variedad plantar, reduciendo riesgos y potenciando su cadena productiva.