Un Rolls‑Royce que se encontraba a bordo del Titanic en 1912 logró evitar el hundimiento del famoso transatlántico; la historia, publicada por la revista Autoclásica, resalta la extraña supervivencia del vehículo.
El automóvil quedó intacto pese al choque del buque con el iceberg y la posterior inmersión, lo que lo convierte en un objeto de gran valor histórico para coleccionistas y amantes del motor.
"Es una de las piezas más curiosas de la historia automotriz", señaló la publicación Autoclásica.
La singularidad del caso radica en que, a diferencia de la mayoría de los objetos a bordo, el coche no se vio arrastrado por el mar y permaneció preservado, convirtiéndose en una verdadera joya para la comunidad de autos clásicos.
Hoy la pieza se mantiene como testimonio de un episodio inesperado dentro de una tragedia que marcó la historia marítima.