El precio del gasoil importado volvió a ubicarse por encima del biodiésel de producción nacional, y esa diferencia cambia el tablero energético argentino. Según datos de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua de Uruguay (Ursea), el gasoil de bajo azufre puesto en planta de distribución en ese país cotiza en octubre el equivalente a 2026 pesos argentinos por litro, una referencia que puede replicarse del lado argentino.
En paralelo, la Secretaría de Energía fijó el precio oficial del biodiésel para el corte obligatorio en 1788 pesos por litro, a la salida de planta. A ese valor hay que sumarle el flete hasta la refinería, que cambia según el proveedor, pero incluso con ese costo adicional el biocombustible sigue por debajo del gasoil importado.
Por qué el aceite de soja argentino sube mientras en EE.UU. baja
El insumo central del biodiésel local es el aceite de soja. Su valor FOB aumentó en el último mes, aunque en una proporción menor a la escalada del gasoil en el mercado internacional. Esa brecha es la que explica la recuperación del aceite argentino, en un contexto inverso al de Estados Unidos, donde el precio del mismo producto viene derrumbándose.
El detonante de fondo fue el conflicto ruso-ucraniano, que disparó el precio internacional del gasoil y, con eso, mejoró la competitividad relativa del aceite de soja en el mercado argentino.
Desregulación y nuevas inversiones
A fines de marzo, el Gobierno habilitó de hecho una mezcla de hasta 20 % de biodiésel en gasoil, es decir, 12,5 puntos más que el corte obligatorio. Las petroleras pueden aplicar ese porcentaje de manera voluntaria.
En ese marco, la estatal YPF creó junto al grupo argentino Essential Energy la firma Santa Fe Bio, que producirá biodiésel hidrotratado (HVO) y combustible sostenible para aviación (SAF) en el Gran Rosario, la principal zona productora de aceite de soja del país. La compañía prevé invertir 400 millones de dólares en esas plantas, con demanda asegurada para sus productos.
La combinación de un gasoil importado caro, un biodiésel con precio regulado más bajo y una normativa que amplía el corte voluntario deja al biocombustible argentino en una posición competitiva poco habitual. El aceite de soja, mientras tanto, acompaña ese movimiento con un repunte que contrasta con la caída estadounidense.