Arqueólogos egipcios anunciaron el 17 de septiembre el hallazgo de un entierro de caballo, una estela real y un conjunto de casas de adobe dentro de la fortaleza de Tell Al‑Abqain, situada en la gobernación de Beheira, norte de Egipto. El sitio data del Nuevo Reino (entre 1570‑1069 a.C.) y funcionó como baluarte contra incursiones de tribus libias.

Un entierro que revela la caballería

El esqueleto de un caballo joven, de tamaño medio y aspecto ágil, fue encontrado en posición ordenada, con la cabeza alineada, lo que sugiere un sepultura con significado honorífico. Junto al animal se recuperaron piezas cilíndricas de alabastro y piedra caliza, identificadas como terminaciones decorativas de un arnés de carro de guerra, reforzando la hipótesis de uso activo de caballería y carros en la guarnición.

Viviendas y gestión de recursos

A pocos metros del sepulcro, los investigadores descubrieron un complejo residencial de adobe conectado a la entrada sur del recinto. El trazado incluye una calle principal de cuatro metros de ancho orientada este‑oeste, cruzada por otra vía norte‑sur, evidencia de planificación urbana. Las habitaciones contienen silos de grano y hornos cerámicos; en varias jarras se halló trigo carbonizado, prueba directa de almacenamiento alimentario.

Inscripciones que conectan a Merneptah y Ramsés II

Entre los fragmentos de piedra caliza recuperados, destaca una estela inédita en la región que lleva un texto hierático atribuido al faraón Merneptah, hijo de Ramsés II. El texto alaba la fuerza del monarca comparándola con el dios Seth y menciona al creador Ptah. Otras dos estelas incluyen los nombres de nacimiento y trono de Ramsés II y una representación de un prisionero libio de la tribu Meshwesh en actitud de sumisión.

Objetos cotidianos y religiosos

El conjunto de hallazgos menores amplía el panorama social: escarabajos con los nombres de Ramsés II y Seti I, y otros con referencias a los dioses Amón, Sejmet, Ptah y Seth. También se encontraron amuletos de protección, fertilidad y renovación, como figuras de peces, flores de loto, cobras y el símbolo nefer, junto a vasijas de cerámica destinadas al almacenamiento cotidiano.

Con estos descubrimientos, la misión arqueológica amplía la visión de Tell Al‑Abqain como un núcleo no solo militar, sino también habitado, con organización económica y vida religiosa vinculada al poder faraónico.