Pablo Campiti, originario de San Lorenzo, Santa Fe, lanzó en 2020, en plena crisis sanitaria, una producción de huevos de gallinas criadas sin jaulas. El proyecto, certificado por la normativa vigente, busca garantizar una alimentación más natural y se dio a conocer en la Semana Mundial del Huevo, cuyo día central se celebró el 9 de octubre.
De la calle al campo
A sus 13 años comenzó a trabajar en el sector agropecuario y, tras años de actividades en el comercio y la restauración, la crisis del 2001 lo obligó a buscar nuevas fuentes de ingreso. Tras varios intentos empresariales, en 2002 abrió su primer bar con su hermano, actividad que mantuvo durante casi dos décadas.
Un impulso familiar
En 2006 nació su hijo, Vicente, quien fue diagnosticado con autismo. La necesidad de ofrecerle una dieta equilibrada motivó a Campiti a explorar la producción de huevos libres de jaula, un modelo prácticamente inexistente en Argentina. "Quería asegurar una alimentación adecuada para mi hijo", declaró el empresario.
El desafío de la certificación
Sin precedentes legales, Campiti y su socio se enfrentaron a la falta de un marco regulatorio. Aun así, lograron la certificación que los distingue como uno de los pocos establecimientos del país que garantizan la ausencia de jaulas y el acceso de las aves al campo.
Reconocimiento y futuro
El proyecto se inscribe dentro de una tendencia creciente: el consumo per cápita de huevo en Argentina supera una unidad diaria, posicionando al país como líder mundial. La historia de Campiti, presentada durante la conmemoración del huevo, muestra cómo la iniciativa privada puede responder a necesidades familiares y a la demanda de productos más éticos.
"Este modelo no solo beneficia a mi familia, sino que abre la puerta a una producción más responsable en toda la región", afirmó Campiti.
El emprendimiento continúa expandiéndose, con planes de replicar el sistema en otras provincias y de educar a productores sobre las ventajas sanitarias y medioambientales de la cría sin jaulas.