El puerto USB-C del celular dejó de ser un simple enchufe para el cargador. Ese mismo conector puede manejar teclados, discos externos, cámaras, monitores y hasta una conexión a internet por cable. La clave está en su diseño: a diferencia de los conectores anteriores, no solo lleva electricidad, sino también datos, audio y video, y puede alimentar otros dispositivos.
Esa versatilidad explica por qué un mismo puerto admite usos tan distintos. Con el cable o el adaptador adecuado, el teléfono se convierte en una estación de trabajo portátil o en el centro de un pequeño escritorio.
Periféricos: teclado, mouse y mandos
Casi cualquier teclado o mouse USB funciona en un teléfono si se cuenta con el adaptador correcto. Los mandos de videojuegos siguen la misma lógica: el DualSense de PlayStation se conecta de forma directa gracias a su propio puerto USB-C. Soluciones como el Backbone Pro sujetan el teléfono y permiten jugar con carga simultánea si se usa un hub con esa función. La limitación habitual es que, sin un accesorio adicional, no se puede cargar el equipo y usar el mando al mismo tiempo.
Los hubs USB-C amplían estas posibilidades al sumar varios puertos en un mismo cable. Prácticamente cualquier hub funciona con un teléfono, y los modelos con paso de energía permiten cargar el equipo mientras se usan otros periféricos conectados.
Almacenamiento externo y cámaras
Los teléfonos pueden leer y escribir en pendrives, discos duros y unidades de estado sólido, siempre que el dispositivo use un sistema de archivos compatible, como exFAT o FAT32. Las particiones en NTFS, propias de Windows, no son reconocidas.
Algunos modelos de iPhone permiten grabar video en 4K a altas tasas de bits directamente sobre una unidad SSD conectada por USB-C, siempre que el cable admita velocidades de transferencia de 10Gbit/s y la unidad alcance los 220MB/s o 440MB/s según la resolución elegida. Para creadores de contenido y periodistas, esto evita depender del almacenamiento interno del equipo.
Los lectores de tarjetas SD y microSD funcionan de forma similar y suelen venir integrados en muchos hubs. El teléfono reconoce la tarjeta en cuanto detecta contenido en ella, y permite tanto gestionar archivos como importar fotografías directamente a la galería. Las cámaras digitales también pueden conectarse como si fueran una unidad de almacenamiento más. En pruebas con una cámara Sony, el equipo debió adaptarse de micro USB a USB-C y mantenerse encendido para que el teléfono lo reconociera como dispositivo de transferencia.
Pantallas, audio y red por cable
Muchos teléfonos pueden enviar su señal de pantalla a monitores, televisores o proyectores mediante un cable o adaptador compatible. En la mayoría de los casos, el dispositivo detecta la conexión y comienza a reflejar la pantalla de forma automática. El resultado no reemplaza a un escritorio completo: el teléfono suele mostrar una réplica vertical de lo que aparece en su pantalla, salvo en modelos que incorporan un modo de escritorio, como el de Samsung, capaz de abrir varias ventanas y redimensionar aplicaciones como si fuera una computadora.
La desaparición de la entrada de 3,5 milímetros impulsó el uso de adaptadores con conversor digital-analógico, o DAC, que mejoran la calidad de sonido respecto a los componentes internos del teléfono. También existen auriculares y audífonos USB que se conectan de forma directa, sin necesidad de adaptador. Los micrófonos USB siguen un comportamiento similar: en pruebas con un modelo Samson conectado mediante un adaptador a USB-C, el dispositivo fue reconocido de inmediato y el sistema ofreció activarlo como entrada de audio principal.
Un adaptador USB-C a Ethernet permite conectar el teléfono a una red por cable, con menor latencia e interferencias que el Wi-Fi. En una prueba, el equipo reconoció la conexión sin mayores pasos.
La carga inversa es otro de los usos posibles: el teléfono puede alimentar a otro celular o a un accesorio. El límite está en la batería del propio equipo y en el cable utilizado.