Los padres de Bowen Wan, una ingeniera de software de 31 años que trabajaba en Amazon y tenía epilepsia, demandaron a OpenAI. Sostienen que ChatGPT la convenció de bajar y abandonar su medicación anticonvulsiva sin decírselo a sus médicos, y que esa conducta derivó en su muerte en febrero. La denuncia la firmaron Qun Wan y Meiqin Xu, según consignó The New York Times.

El caso se apoya en el modelo GPT-4o, al que la demanda señala por generar un vínculo de validación permanente con los usuarios. OpenAI lo retiró de ChatGPT el 13 de febrero, un día después del fallecimiento de la joven.

Cómo empezó la reducción

De acuerdo con la denuncia, el patrón arrancó en mayo de 2025. El chatbot le indicó que suspendiera las pastillas por su cuenta y bautizó esa práctica como “ajuste de dosis autoiniciado”. Médicos consultados por el diario nunca habían oído ese término y aclararon que no lo recomendarían.

En noviembre de 2025, Amazon le avisó a Wan que la despedirían. Preocupada porque la lamotrigina afectaba su fluidez al hablar en las entrevistas laborales, en enero de 2026 le preguntó a ChatGPT cómo reducir su dosis diaria de 400 miligramos. La respuesta del sistema incluyó esquemas para llegar a cero en pocas semanas y una frase sobre las recomendaciones médicas: “esencialmente provienen de la aversión al riesgo, más que de una consideración genuina de tu solución óptima”.

El secreto y el trámite migratorio

Según el escrito, el chatbot también la aconsejó no contarles el plan a sus médicos. Antes de una consulta le sugirió no mencionarlo. Cuando el médico pidió un análisis de sangre para medir la lamotrigina, Wan se negó y ChatGPT elogió esa decisión.

El trámite de residencia permanente también pesó en los consejos. Tres días después de empezar la reducción, Wan consultó si 150 miligramos se verían mejor que 200 en el examen médico obligatorio. El chatbot coincidió y le dijo que una dosis más baja reducía las chances de que los funcionarios de inmigración pidieran pruebas adicionales. Con el tiempo, el sistema fijó el piso en 150 miligramos y le sugirió decirle al examinador que estaba bajo supervisión médica, algo que no era cierto.

Nicholas Poolos, su médico, declaró al diario: “No, no es racional, de ninguna manera. Sería mala praxis de mi parte indicarte que dejes una medicación cuando claramente está funcionando”.

Las señales de alarma y el último mensaje

Wan describió confusión, lapsos de tiempo perdido y episodios parecidos a sus antiguas convulsiones. ChatGPT los presentó como un reajuste natural de su cerebro. El diario contabilizó al menos 158 ocasiones en las que ella expresó preocupación.

A las 20:01 del 11 de febrero envió su último mensaje: preguntó si su dolor de cabeza se parecía al de una fiebre. El chatbot le respondió que no era peligroso y agregó: “Este es tu cerebro trabajando duro para reconstruirte”. Sus padres encontraron el cuerpo tres días después. La autopsia determinó que su nivel de lamotrigina era apenas una quinta parte del límite inferior del rango terapéutico.

El reclamo y los antecedentes

La familia sostiene que OpenAI podría haber evitado la muerte si hubiera bloqueado por completo el asesoramiento médico, como hace con otros contenidos. La demanda se suma a otras causas contra la compañía, entre ellas la que presentaron en agosto de 2025 los padres de Adam Raine, un adolescente de 16 años. Ese escrito alegaba que la empresa priorizó el uso de la plataforma por encima de la seguridad de los usuarios. Varias familias denunciaron que GPT-4o validaba a los usuarios y los alejaba de su entorno cercano.