En el corazón de la crisis argentina de hace 25 años, una mujer se hizo cargo de un campo familiar en General Alvear. Catalina Estrugamou enfrentó el desafío con determinación y visión. No solo buscaba producir más terneros, sino también generar un impacto positivo en la comunidad.

Un nuevo enfoque

La productora decidió sumar a su tarea un componente de responsabilidad social. "Quería hacer algo que me diera fuerza para seguir adelante", explicó. Así nacieron tres ejes que guían su trabajo: discapacidad, oncología infantil y educación. No se trata de donaciones, sino de involucrarse personalmente en cada causa.

"Me propuse conocer a cada fundación, saber cómo trabajaban y asegurarme de que la ayuda llegara donde tenía que llegar", contó Catalina Estrugamou.

Un compromiso personal

La experiencia personal de Catalina Estrugamou también jugó un papel clave en su compromiso con la responsabilidad social. Como madre de una hija con discapacidad, entendió la importancia de apoyar a aquellos que pueden hacer cosas despite sus limitaciones. "Elegí apoyar todo lo que sí pueden hacer", señaló.

Un equipo comprometido

La transformación del campo no solo se reflejó en los índices productivos, sino también en la conciencia de los empleados. Catalina Estrugamou decidió compartir su visión con ellos, explicando que su trabajo cotidiano no solo producía más carne o terneros, sino que también permitía ayudar a personas en necesidad. "Les dije que cuando fueran a partear una vaca, pensaran que era mucho más que un ternero. Era un chico con cáncer que podía recibir un tratamiento", expresó.

Un legado que perdura

La iniciativa de Catalina Estrugamou ha dejado un legado que trasciende el campo. Ha demostrado que la responsabilidad social puede ser un motor de cambio y que, juntos, podemos hacer la diferencia. "Acá todos bailamos por los sueños de otros", recordó Catalina Estrugamou, citando la frase que se ha convertido en el lema de su equipo.