José García, contratista de esquila que opera en la zona de Bariloche y Comallo, lidera una comparsa que atiende a ~60.000 ovejas por temporada. La actividad, que arranca en agosto y se extiende durante varios meses, brinda empleo a 18 familias de la Patagonia.
Una labor itinerante por la Patagonia
La "máquina familiar" de García, término que en el sector designa al equipo completo de esquiladores, se desplaza de establecimiento en establecimiento durante el invierno patagónico. Cada jornada implica enfrentar condiciones climáticas adversas, como nieve, lluvia y frío intenso, además de caminos a menudo intransitables. "Es un trabajo sufrido", reconoce el contratista.
"Le damos trabajo a 18 familias", señaló José García, contratista de esquila.
El volcán de 2011 marcó un antes y un después
Antes de la erupción del volcán de 2011, la comparsa alcanzó el pico de 80.000 ovejas esquiladas en una temporada. La catástrofe redujo drásticamente los rebaños locales y dejó sin actividad a muchos productores, lo que también afectó a los esquiladores. "El volcán mató a todos los productores; la máquina se quedó sin trabajo", recordó García.
Ante la crisis, la familia decidió trasladar la comparsa hacia el sur y diversificar sus servicios, esperando la recuperación de la ganadería. Con el tiempo, los contactos y la reputación construidos permitieron retomar la actividad en la zona norte.
Desafíos actuales y perspectivas de futuro
Hoy la comparsa cuenta con mejor infraestructura y servicios, pero sigue enfrentando dificultades para atraer a jóvenes al oficio. "El joven no se anima a venir", lamenta García, quien subraya que la calidad del trabajo impacta tanto el bienestar animal como el producto final del ganadero.
A pesar de los obstáculos, la comparsa de García se mantiene como un pilar económico para varias familias patagónicas, demostrando la resiliencia de un oficio que combina tradición y adaptación.