La Casa Nacional del Bicentenario abre al público la muestra “Tercer orden”, una retrospectiva que aglutina alrededor de cien piezas del artista Miguel Dávila, nacido en 1926. Curada por Joaquín Rodríguez, la exposición sigue una línea cronológica que permite observar la evolución de los motivos recurrentes del autor, como los pares de figuras y los escenarios sin ubicación definida.

Un recorrido visual de 1949 a su fallecimiento

El punto de partida es un dibujo de 1949, que convive con óleos, acrílicos, tintas, pasteles, monocopias, aguafuertes, xilografías y cortometrajes experimentales de los años 80. También se exhiben documentos de archivo: catálogos, invitaciones y referencias institucionales.

"Me abandono a la intuición, a la energía propia de la imagen. Esta surge en la tela como una aparición… No se necesita ser entendido sino sabio", escribió Dávila en una reflexión de 1976.

Duplicidades que siguen intrigando

Rodríguez explicó a Infobae Cultura que la ambigüedad de los pares es deliberada: "No se sabe si son dos personajes, el mismo personaje o una sombra. Esa duplicación reaparece en obras posteriores, incluso cuando los elementos vuelven bajo nuevas arquitecturas".

Los primeros trabajos incluyen paisajes de La Rioja, grabados y una pieza abstracta de 1957. En ellos aparecen perros callejeros, cabezas de caballos y vacas, construyendo una visión del entorno abandonado que será retomada décadas después como recuerdo difuso.

París y la Nueva Figuración

En 1961, Dávila obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes y viajó a París junto a Rómulo Macció, Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. Allí compartió estudio con Deira e ingresó a la corriente de la Nueva Figuración. Su producción francesa mantuvo la relación con el informalismo, pero incorporó colores y referencias al campo, que más tarde se transformaron en imágenes fragmentadas y esqueletos humanos.

Experimentos con materiales y arquitectura

Durante los años setenta, el artista empezó a trabajar la madera y recibió encargos de murales para edificios. Los óleos y pasteles de esa etapa conservan los pares de personajes, mientras que obras de 1969 y 1979 presentan variaciones espaciales. En la década siguiente, la arquitectura tomó mayor protagonismo; un mural de cinco metros muestra “ciudades imaginarias, cúpulas, edificios y figuras humanas que se entrelazan en una única construcción visual”.

Un legado que sigue vivo

“Tercer orden” no solo muestra la producción pictórica, sino también la constancia de Dávila en explorar la técnica sin abandonar ciertos símbolos. La exposición invita al público a descubrir la continuidad de sus obsesiones visuales a lo largo de seis décadas.

"La idea de la muestra lleva esto: estos pares, estas duplas, que también aparecen en muchas de sus composiciones", afirmó el curador.

La muestra permanecerá abierta en la Casa Nacional del Bicentenario durante varias semanas, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de recorrer la trayectoria de uno de los referentes de la pintura argentina del siglo XX.