El primer ministro canadiense Mark Carney declaró este martes en Ottawa que las conversaciones comerciales con Estados Unidos podrán reanudarse únicamente si Washington muestra una actitud responsable. Rechazó cualquier propuesta que convierta a empresas canadienses en filiales controladas o que las deje "desmanteladas gradualmente".

"Cuando los estadounidenses dejen de lanzar burlas y empiecen a tomarse en serio la posibilidad de mantener esas conversaciones", afirmó Carney.

Respuesta estadounidense

El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, sostuvo en Fox News que Canadá no puede responder "ojo por ojo" frente a una economía trece veces mayor. Añadió que él y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, le dieron a Carney una "paliza verbal".

"No podemos responder 'ojo por ojo' ante una economía como la de EE.UU.", dijo Bessent.

Hegseth, por su parte, compartió en X una foto de cadetes en Columbia Británica con el mensaje "esto es real" y una bandera canadiense, gesto que Carney calificó de "indigno de su cargo".

Implicancias económicas y políticas

Tras el colapso de las negociaciones del 21 de agosto, el presidente Donald Trump anunció la intención de rebautizar el lago Ontario como "lago Estados Unidos" y difundió burlas contra Canadá en redes sociales. En respuesta, EE.UU. impuso aranceles del 50 % sobre cerca de USD 20.000 millones de productos canadienses. Canadá planea aplicar, a partir del 8 de septiembre, gravámenes de represalia entre 15 % y 50 % sobre un volumen similar de bienes estadounidenses.

Bea Bruske, presidenta del Congreso Laboral Canadiense, describió la situación como "una nueva normalidad a la que debemos ajustarnos".

"Es una nueva normalidad a la que debemos adaptarnos", señaló Bruske.

Políticamente, Carney recibió apoyo tras las elecciones especiales del lunes, donde el Partido Liberal ganó tres distritos y alcanzó 173 de los 343 escaños en la Cámara de los Comunes.

Nelson Wiseman, profesor emérito de la Universidad de Toronto, advirtió que las amenazas de anexión de Trump afectarían especialmente a Quebec y al estatus del idioma francés.

Próximos pasos

Carney reiteró que Canadá seguirá negociando libremente con cualquier país y que no aceptará un acuerdo "no competitivo" que comprometa sectores estratégicos como la industria automotriz o la protección cultural y lingüística.