La privatización de AySA llega con una suba en la factura para la mayoría de sus clientes. Seis de cada diez usuarios pagarán en promedio 22,3% más, con un límite de aumento del 5% mensual, según lo informado junto a la operación de venta de la compañía.
La empresa quedará en manos de un fondo de Países Bajos, en una adjudicación que incluye a los empresarios Walter Román y Mauricio Filiberti. El traspaso se conoce en paralelo al nuevo esquema tarifario que regirá para los clientes.
Cuánto se recauda y a dónde va
Con el ajuste, AySA sumará unos $140.000 millones extra por año. Ese monto no quedará como ganancia libre: la empresa deberá destinarlo a ampliar la tarifa social, el beneficio para los usuarios que no pueden afrontar el servicio.
El aumento promedio de 22,3% convive con el tope de 5% mensual, un mecanismo que reparte el impacto en el tiempo en lugar de aplicarlo de una sola vez.
La segmentación que quedó pendiente
La operación también pone sobre la mesa un debate que el kirchnerismo no resolvió: la segmentación por barrios. El nuevo esquema apunta a diferenciar a los usuarios según la zona en la que viven, algo que no se implementó en la gestión anterior.
La venta de la compañía y la actualización de tarifas avanzan juntas, con el fondo neerlandés como nuevo dueño y los nombres de Román y Filiberti en la estructura empresaria.
El traspaso marca el cierre de una etapa para la empresa de agua y cloacas del área metropolitana, que vuelve al sector privado con un cuadro tarifario distinto y una obligación de reinversión en los sectores más vulnerables.