La economía argentina se encamina a su segunda recesión bajo el programa de Javier Milei, aun cuando el país atraviesa una de las mejores coyunturas externas de las últimas décadas. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en agosto una caída interanual del 1,7% y quedó prácticamente estancado frente a julio, con una variación desestacionalizada de apenas 0,1%. El dato desconcertó a los economistas que anticipaban un rebote tras el derrumbe mensual de casi 2,8% sufrido en julio.

Un trimestre para el olvido

La consultora C-P proyecta que septiembre podría mostrar un repunte mensual del 1,5%, pero aun así el tercer trimestre cerraría con una contracción del 2,3% respecto del anterior. Sería el segundo trimestre consecutivo en baja, después del retroceso del 0,6% entre abril y junio. Con ese recorrido, la recesión quedaría consolidada y la proyección de crecimiento para todo 2026 se recortó a solo 0,6%.

El informe de coyuntura de CIFRA, elaborado por Pablo Manzanelli y Leandro Amoretti, aporta otro dato elocuente: entre diciembre de 2025 y julio de 2026 la actividad acumuló una contracción del 4,1% y quedó en un nivel casi idéntico al de julio de 2023. En otras palabras, la economía no creció: retrocedió.

Dólares de sobra, resultados escasos

Lo llamativo del caso argentino es que la recesión convive con una generación extraordinaria de divisas. Entre enero y septiembre de este año, las exportaciones sumaron 77.267 millones de dólares y las importaciones 56.069 millones, lo que dejó un superávit comercial de 21.198 millones. A eso se agrega el respaldo financiero del Fondo Monetario Internacional y de Estados Unidos, además del acompañamiento del poder económico local e internacional y de sectores de la oposición que facilitaron la sanción de reformas.

El propio Milei lo había anticipado en un reportaje con Alejandro Fantino el 14 de abril de 2025, cuando aseguró que su plan era algo que "esto no se vio nunca". La frase, repetida como bandera, hoy adquiere otro sentido: nunca se vio una recesión con tantas condiciones favorables.

Las razones de un resultado adverso

Para los autores del informe, el fracaso no es casual sino que responde al diseño del programa. La combinación de ajuste fiscal drástico, salarios y jubilaciones licuados en términos reales, apertura importadora y prioridad a la valorización financiera termina por asfixiar el mercado interno y desalentar la inversión productiva. A la vez, parte de los dólares que ingresan por exportaciones se destina a financiar fuga de capitales y pagos al exterior.

El debate público se vuelve más confuso, según el material, porque los economistas ortodoxos que comparten los lineamientos generales del plan proponen correcciones sin abandonar las ideas que llevaron a este resultado. La austeridad fiscal, sostienen, funciona como una trampa recesiva.

El contexto que agrava el cuadro

El escenario se completa con un riesgo país que supera los 700 puntos pese a la abundancia de divisas, y con una Corte Suprema que evita pronunciarse sobre la constitucionalidad del DNU 70, el principal instrumento del programa. El experimento libertario acumula ventajas que, en otras experiencias, solían evitar las crisis. Ahora hay crisis a pesar de ellas.