En octubre de 2026, una parte significativa de la fuerza laboral argentina dejó la relación de dependencia para ejercer como trabajador autónomo. La principal causa son los despidos provocados por cierres de compañías y la reducción de plantillas.

Causas del giro laboral

El fenómeno no es aislado. Ya a fines de agosto de 1978 algunos profesionales abandonaron el empleo asalariado por insatisfacción en el puesto. Hoy la situación se repite, pero a mayor escala, pues la pérdida de empleo suele ser involuntaria.

Los trabajadores temen el riesgo y la incertidumbre que implica el autoempleo. Prefieren la estabilidad que ofrece el empleador, aunque esta estabilidad se vea amenazada por la crisis de las empresas.

Perspectivas históricas y teóricas

El debate sobre la naturaleza del trabajo tiene raíces profundas. Harry Braverman, quien en los años setenta trabajó como calderero en los puertos de Brooklyn y participó en movimientos sindicales, describió la degradación del trabajo bajo el capitalismo monopolista. Su libro Trabajo y capital monopólico (1974) marcó un hito al ofrecer una visión integral de la explotación laboral, según Robert Louis Heilbroner.

Ugo Pagano sostiene que la división del trabajo en el capitalismo fragmenta oficios y convierte tareas en operaciones sin sentido, pasando del "aprendizaje a través de la práctica" de Adam Smith a la minimización del esfuerzo propuesta por Charles Babbage y Frederick Taylor.

"No se puede reducir la cuestión laboral a la sola calificación", afirmó David M. Gordon, quien criticó la visión unidimensional del empleo.

Repercusiones y futuro

La relación de dependencia surgió con la Revolución Industrial, cuando la producción se organizó alrededor de la maquinaria. En el siglo XIX la jornada era de 12 horas diarias, seis días a la semana. Desde entonces, la duración laboral ha disminuido, pero la inseguridad sigue presente.

Algunos analistas proponen medir la productividad mediante el PIB por persona ocupada o por hora trabajada, en lugar del PIB per cápita, para reflejar mejor la realidad del empleo.

El debate vuelve al tapete: ¿debería el Estado fomentar el autoempleo o reforzar la protección del trabajador asalariado? La respuesta dependerá de cómo evolucione la capacidad de las empresas para mantener puestos estables.