Hace 66 millones de años, un asteroide destruyó casi toda la vida en la Tierra y puso fin al reinado de los dinosaurios. La roca que causó ese impacto era uno de los tipos de meteoritos más raros del sistema solar, según un nuevo estudio de investigadores de Canadá, Francia, Bélgica y Austria.
El asteroide cayó en lo que hoy es la Península de Yucatán, en México, y pertenecía a una familia llamada condritas carbonáceas: rocas espaciales ricas en carbono que representan menos del 5% de todos los meteoritos conocidos.
El objetivo del estudio
El objetivo del estudio fue resolver la pregunta de qué tipo exacto de meteorito formó el cráter de Chicxulub, el nombre del lugar donde cayó el asteroide, en Yucatán. Los investigadores buscaron la “huella dactilar” química del impacto en una capa de arcilla que existe en todo el planeta y que marca, con una línea oscura en las rocas, el momento exacto en que los dinosaurios desaparecieron.
La pista química que identificó al meteorito
La pista estaba en el níquel: un metal que los meteoritos contienen en proporciones muy distintas según su tipo, lo que permite identificarlos como si fueran huellas dactilares. Los investigadores analizaron muestras de esa capa de arcilla extraídas de varios puntos del mundo y las compararon con distintos tipos de meteoritos conocidos.
Los resultados apuntaron hacia un subtipo llamado condrita CO, también conocida como condrita carbonácea de la clase Ornans. Para entender su rareza: las condritas carbonáceas ya son el 5% de los meteoritos conocidos, y las CO son una fracción minúscula dentro de ese grupo.
Implicaciones del hallazgo
El hallazgo también toca la pregunta de qué fue lo más letal del impacto. Durante años, los científicos pensaron que el azufre del meteorito fue el gran responsable: al vaporizarse, habría bloqueado la luz solar y caído como lluvia ácida durante milenios. Las condritas CO, sin embargo, contienen muy poco azufre.
El equipo de investigadores reconoció una limitación central: el asteroide se vaporizó por completo al chocar, y solo una fracción mínima quedó atrapada en esa capa de arcilla. Rastrear su composición equivale a identificar a un sospechoso a partir de trazas casi invisibles.
Los próximos pasos del equipo apuntan a entender mejor el mecanismo exacto de la extinción, ahora con una imagen más precisa de qué tipo de roca desencadenó la desaparición del 75% de las especies del planeta.