Uruguay dejó atrás décadas de inflación crónica y hoy muestra el riesgo soberano más bajo de América Latina, con 82 puntos básicos, y calificación por encima del grado de inversión en todas las agencias que lo evalúan. Gabriel Oddone, ministro de Economía y Finanzas del gobierno de Yamandú Orsi, contó en la conferencia anual de FIEL cómo se sostiene ese modelo y aclaró que no es obra de una sola gestión: es un consenso que cruza gobiernos desde hace dos décadas.

El funcionario del Frente Amplio expuso en un panel moderado por Juan Luis Bour, director y economista jefe de FIEL. Allí recordó una frase de Danilo Astori, dos veces ministro de Economía y vicepresidente de José Mujica, que fijó el rumbo de la izquierda desde 2005: el mundo no conoce experiencias de prosperidad sostenida en un contexto de desorden macroeconómico.

Los cuatro pilares del consenso uruguayo

Sobre esa base, el sistema político uruguayo coincide en cuatro ejes: estabilidad macroeconómica, apertura de la economía, acelerar el crecimiento y cohesión social. Oddone subrayó que la estabilidad descansa en el ámbito fiscal: "Todos somos conscientes de que la estabilidad macro descansa en el ámbito fiscal", afirmó.

La regla fiscal que aprobó el gobierno anterior en el Parlamento fue mantenida y mejorada por la gestión actual. Fija un nivel prudente de deuda neta del 65% del PIB, metas sobre el resultado fiscal estructural y salvaguardas para limitar el margen de maniobra en años electorales. A eso se suma un Consejo Fiscal Autónomo que reporta al Parlamento y audita las decisiones del Ejecutivo.

Deuda, reservas y una decisión cambiaria firme

Tras lo que Oddone llamó el "default elegante" de 2002, Uruguay se propuso mantener siempre abiertas sus fuentes de financiamiento. No es un detalle menor: cada año debe salir a los mercados por entre US$6000 y US$6300 millones. Además, la dolarización de la deuda pública bajó de casi el 90% en 2005 a la mitad en la actualidad. El Banco Central acumula reservas por encima del mínimo recomendable, un colchón para shocks externos.

En materia cambiaria, la postura es clara. "Hemos abandonado las intervenciones cambiarias desde el año 2021. Uruguay no tiene ninguna intervención en el mercado de cambio spot", sostuvo el ministro. A principios de este año, cuando el peso se apreció por fuera de los fundamentos, alcanzó con adelantar una reunión del comité de política monetaria y anunciar operaciones de futuros del fisco, sin volver a intervenir.

Inflación, exportaciones y energía

La inflación promedió 63% anual entre 1958 y 1998. Después de la crisis de 2002 se estabilizó en torno al 8%, y el gobierno actual decidió consolidar la baja de la gestión anterior. La meta del Banco Central es de 4,5%, con intención de revisarla a la baja cuando el contexto internacional lo permita.

La economía también se diversificó. A fines de los 90, la mitad de las exportaciones iba a Argentina y Brasil. Hoy China es el principal socio en bienes, Estados Unidos en servicios y la Unión Europea el principal origen de inversión extranjera. El año pasado, el 98% de la electricidad se generó con renovables, lo que permitió atravesar la suba del petróleo desde febrero sin sobresaltos. En combustibles, el gobierno usó el margen de la refinería estatal para amortiguar el traslado a precios.

Las cuentas que quedan

Oddone aclaró que no se trata de "una historia rosa". El déficit fiscal es de 4,1% del PIB y el plan de consolidación se apoya en nuevos impuestos, como la adhesión al impuesto mínimo global. Además, la economía creció a un ritmo de 1,2% anual en la última década, una tasa que el ministro reconoció como insuficiente.

El modelo uruguayo combina reglas claras, consenso político y apertura externa, pero el propio ministro admite que el desafío pendiente es acelerar el crecimiento sin perder la estabilidad que le dio prestigio regional.