En el corazón de las emergencias en El Salvador, hay personas que dedican su vida a salvar vidas, sin importarles sacrificar sus propios momentos de descanso. Carlos Fuentes es uno de ellos, y su historia comenzó cuando tenía solo once años.

La llamada del deber

Fuentes ingresó a los Comandos de Salvamento en Apopa en octubre de 1986, animado por su hermano mayor. Nueve días después, el país sufrió un terremoto que dejó escombros y muerte en San Salvador. Fuentes fue llevado al corazón de la tragedia, donde enfrentó su primer desafío como socorrista.

"Ver a los compañeros llenos de sangre ayudándole a la gente... en ese momento fue que me emocionó poder ser parte de la gran familia de los Comandos de Salvamento", recuerda Fuentes.

Un aprendizaje extremo

La infancia de Fuentes transcurrió cerca de la seccional de comandos en Apopa, donde veía a su hermano y a otros rescatistas regresar manchados de sangre. El terremoto de 1986 fue solo el principio de su entrenamiento en emergencias. Años después, vivió la ofensiva guerrillera de 1989 en Apopa y participó en emergencias como los huracanes Stan y Mitch.

La vocación de un comando

Desde 2018, Fuentes es el vocero oficial de los Comandos de Salvamento. Aunque su cargo cambió, el ritmo de su vida no se volvió menos exigente. "No sé qué es pasar una Semana Santa en casa, no sé qué es pasar una semana de agosto en casa", admite.

La formación continua

La formación de los comandos nunca se detiene. Cada año, se realizan entrenamientos y certificaciones para actualizar conocimientos en atención prehospitalaria. El objetivo es estar listos ante cualquier eventualidad y ofrecer siempre la mejor respuesta.

Un llamado a la responsabilidad

Fuentes pide responsabilidad a la población, especialmente a quienes viven en San Salvador. "Si cada persona hiciera su parte, se evitarían muchas tragedias", afirma. La dedicación y el sacrificio de los socorristas como Fuentes son un ejemplo de la importancia de la responsabilidad y la solidaridad en momentos de emergencia.