En los sistemas de producción intensiva, cada kilo de maíz que el animal no digiere es dinero que se va con la bosta. Un relevamiento sobre 75 establecimientos argentinos que suman alrededor de 300.000 cabezas encontró un promedio de 20% de almidón en las excretas, según presentó el médico veterinario y especialista en nutrición animal Juan Testa. En la práctica, eso equivale a unos 800 gramos de maíz por animal que no se aprovechan.

Frente a ese desperdicio, Testa viene trabajando con una herramienta que, pese a su nombre poco amigable, describe como simple de entender: el snaplage.

Qué es el snaplage y cómo se hace

"Es una forma de cosechar maíz sin usar una cosechadora de maíz", resumió el especialista. En lugar de la máquina tradicional se emplea una picadora de silo con un cabezal de cosecha que levanta la mazorca entera: grano, marlo y chala. Ese material pasa por el cracker de la picadora, se procesa y se embolsa con la humedad justa para que fermente.

Ahí aparece una de las claves nutricionales que menciona Testa: "El pH baja y eso permite que el almidón quede más disponible para ser digerido por los rumiantes".

El objetivo no es solo obtener más volumen de alimento, sino que el animal aproveche mejor lo que come. Eso cobra peso en planteos intensivos con dietas TMR, donde cada punto de digestibilidad impacta en la eficiencia de conversión. "Cuanto más digestible sea esa comida que le doy, obviamente menos comida voy a necesitar para producir", señaló.

Los números que respaldan la técnica

Comparado con una dieta tradicional, incorporar snaplage mejora la eficiencia de conversión en el orden del 15%, según indicó el profesional. La meta es producir el mismo kilo de carne con menos maíz. A eso se suma otro efecto: menos nutrientes terminan desperdiciándose en las excretas. "Es más dinero en el bolsillo y menos desperdicio tirado al ambiente", sintetizó.

La mayor disponibilidad de almidón también tiene consecuencias dentro del rumen. Una dieta con nutrientes más accesibles favorece la multiplicación de las bacterias ruminales, que después se convierten en una fuente clave de proteína para el animal. "La principal fuente de proteína de un rumiante son sus propias bacterias", explicó Testa. Por eso, maximizar esa producción bacteriana permite reducir la necesidad de incorporar materias primas proteicas, que suelen estar entre los componentes más caros de la dieta.

El costo por hectárea y la mirada integral

Producir snaplage puede salir más caro por hectárea que una cosecha convencional de maíz. Si la comparación se limita a ese número, muchos productores podrían descartarlo. "Si no le ponemos todos los beneficios que nos trae, no podemos ver el retorno económico", advirtió Testa.

El sistema tiene además ventajas operativas. Como ese maíz va directo a la alimentación animal, no hace falta esperar a que el grano se seque. Testa indicó que puede levantarse con entre 35% y 40% de humedad, lo que permite anticipar la cosecha y trabajar muchas hectáreas por día con una picadora, porque el labor sobre la planta resulta relativamente liviano.