Simón Fornaciari, de alrededor de 40 años, trabaja a diario en su finca de Santa María, Catamarca, donde mantiene 150 variedades de dalias. El proyecto surgió después de que la familia regresara a la zona durante la pandemia de COVID‑19, y hoy representa su principal actividad.
Raíces en la tierra santamariana
Simón llegó a Santa María con 4 años, cuando su padre, ingeniero zootécnico, decidió establecerse en la localidad tras unas vacaciones que se alargaron. La familia adquirió una finca antigua, con construcciones que datan de 1860, y la adaptó con la ayuda de un arquitecto.
"Cuando llegamos sentí que mi sueño estaba cumplido", recuerda Simón sobre la casa.
El padre de Simón instaló un tambo caprino, pero la crisis económica de 2001 obligó a cerrarlo. La separación de sus padres dejó al joven con la finca prácticamente abandonada y sin suministro eléctrico.
Del tambo a las flores aromáticas y las dalias
Tras estudiar zootecnia en Tucumán sin concluir la carrera, Simón trabajó como carpintero en Jujuy y Buenos Aires. La llegada de la COVID‑19 lo llevó de nuevo a la finca, donde junto a su padre Roberto y su hermano Lucio comenzaron a cultivar hierbas aromáticas típicas de la zona.
En medio de esa reactivación, a Roberto le diagnosticaron un tumor en la pierna. Durante su internación, investigó el cultivo de dalias y adquirió varias variedades, aunque la primera compra resultó ser una estafa de colores “borravino”.
"Aun internado, mi papá me daba instrucciones para plantar dalias", cuenta Simón.
Posteriormente, el padre sufrió una tromboembolia y volvió a ser hospitalizado, pero mantuvo su impulso de iniciar el cultivo. La familia también recibió algunos bulbos locales que, desafortunadamente, presentaron una bacteriosis y tuvieron que desecharse.
Desafíos y proyección
La finca cuenta con 3 km de extensión, de los cuales 5 hectáreas son aptas para cultivo gracias al acceso al río. Ampliar la superficie requeriría inversiones que la familia no puede asumir en la actualidad.
A pesar de los obstáculos, Simón dedica cada mañana a cuidar sus dalias, describiendo cómo los colores y formas de las flores “llenan los ojos y el alma”. Su proyecto combina la tradición agrícola de la región con una pasión personal por la horticultura ornamental.
Próximos pasos
Simón planea consolidar la colección y explorar la venta de bulbos a nivel regional, siempre que logre asegurar los recursos necesarios para ampliar la zona cultivable.