El 8 de septiembre de 1945 once integrantes de la estación meteorológica alemana conocida como Nussbaum, situada en la remota isla de Nordaustlandet (archipiélago de Svalbard), entregaron sus armas a una embarcación noruega, convirtiéndose en los últimos combatientes del ejército de Adolf Hitler en capitular tras la Segunda Guerra Mundial.
La carrera por el clima en el Ártico
Durante la década de 1940, el pronóstico del tiempo se volvió un recurso militar crucial. Los aliados descubrieron que Alemania utilizaba partes meteorológicas sin cifrar enviadas desde Svalbard, lo que motivó la Operación Gauntlet en agosto de 1941 para destruir instalaciones aliadas y evitar que los nazis obtuvieran esa información.
En respuesta, Berlín instaló varias bases, entre ellas la mencionada Nussbaum, cuya misión era suministrar datos sobre vientos y tormentas a la Luftwaffe y a la marina alemana, facilitando la planificación de bombardeos y convoyes en Europa.
La última misión alemana
A partir de septiembre de 1944, el pequeño destacamento de once hombres comenzó a operar bajo la denominación Operación Haudegen. Tras la muerte de Hitler y el colapso del mando central, recibieron la orden de destruir documentos y aguardar un rescate que nunca llegó. Mantuvieron la observación meteorológica y repetidos intentos de contacto por radio durante varios meses.
"Nos quedamos allí, haciendo lo que sabíamos, mientras el mundo cambiaba a nuestro alrededor", relató uno de los supervivientes en entrevistas posteriores.
Cuando el invierno se acercó, el grupo envió señales de auxilio que fueron captadas por una patrulla noruega, la cual tomó la decisión de aceptar la rendición y recoger a los soldados.
Redescubrimiento en 2024
En el verano de 2024, durante una residencia artística en la zona de Signehamna, en la costa occidental de Spitsbergen, un equipo de visitantes encontró restos metálicos y cerámicos entre el barro. Los guías identificaron los objetos como parte de la antigua estación Nussbaum, confirmando su ubicación y revelando detalles de la vida cotidiana de los meteorólogos alemanes.
National Geographic colaboró en la reconstrucción de la historia, subrayando cómo la lucha por los datos climáticos en el Ártico, aunque poco conocida, influyó en decisiones estratégicas durante la contienda global.
La rendición de estos once soldados cerró un capítulo aislado de la Segunda Guerra Mundial, donde la meteorología jugó un papel tan decisivo como cualquier batalla terrestre.