Un dispositivo electrónico implantado debajo de la retina logró que pacientes con degeneración macular seca asociada a la edad (DMAE) volvieran a leer letras, números y palabras. El ensayo, realizado con 38 personas, mostró que la prótesis llamada Prima recuperó la visión central funcional en el 81% de los casos.

El sistema combina unos anteojos especiales que envían imágenes y energía mediante señal infrarroja hacia un chip colocado quirúrgicamente en el fondo del ojo. La DMAE es una de las principales causas de ceguera en el mundo y afecta a una población mucho más amplia que las enfermedades retinianas hereditarias que abordaban los implantes anteriores.

De los destellos de luz a la lectura

La búsqueda de devolver la vista con electrónica acumula más de dos décadas. Los primeros intentos se concentraron en la retina, la capa de células sensibles a la luz ubicada en la parte posterior del ojo. Dos de los sistemas pioneros fueron el chip subretiniano de la alemana Retina Implant AG y el Argus II, que combinaba una cámara con un chip estimulado por 60 electrodos.

El Argus II recibió la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos en 2013, pero no alcanzó resultados sólidos. El chip de Retina Implant AG exigía una cirugía de unas ocho horas, con apertura de un hueco en el cráneo detrás de la oreja para alojar un receptor de energía. Los pacientes percibían destellos de luz que apenas coincidían con la forma del objeto observado, y muchos chips fallaban con el tiempo. Ambos programas se abandonaron en 2019.

La apuesta por el cerebro

Otra línea de investigación activa envía energía e información visual de forma inalámbrica desde una cámara externa hasta un chip implantado en la zona del cerebro donde se procesa la visión. A diferencia de los implantes retinianos, esta técnica podría servir también a personas cuya ceguera se origina en el nervio óptico y no en la retina.

El profesor de Investigación Retiniana del King's College London, Tim Jackson, advirtió en The Conversation que aún no está claro qué nivel de detalle puede lograrse por esa vía, porque se pierde el procesamiento que la retina hace de manera natural. La empresa belga ReVision Implant trabaja con este método y prevé lanzar su primer ensayo clínico en humanos en octubre de 2026.

El debate ético

El Prima ya cuenta con autorización para su uso en 30 países europeos. Su mercado potencial es mayor que el de sus predecesores, lo que lo vuelve más atractivo para los inversores. Esa misma amplitud abre una discusión ética: quienes padecen DMAE suelen conservar buena visión periférica, a diferencia de los pacientes con condiciones hereditarias que ya perdieron gran parte de su vista. Por eso tienen más para perder si la intervención falla.

Jackson también anticipa que, en los próximos años, algunos de estos sistemas podrían sumar funciones que superen los límites del ojo humano, como imágenes térmicas, aumento óptico o visión nocturna.