El ministro de Economía, Luis Caputo, recibió una noticia mixta esta semana. Por un lado, la mejora en la calificación de la deuda soberana argentina a B3 por parte de Moody's, lo que suma un respaldo externo para el equipo económico. Por otro lado, la caída del 0,5% en la actividad en mayo en términos mensuales, lo que expone el contraste entre la evolución favorable de indicadores clave y la realidad de la calle.

La suba en la calificación de la deuda soberana argentina a B3 por parte de Moody's marcó un nuevo punto en la secuencia de respaldos obtenidos por el equipo económico. Tres agencias de peso internacional han mejorado la nota crediticia del país en lo que va del 2027, lo que habla de una tendencia.

Sin embargo, este movimiento coincidió con la difusión de los datos oficiales de actividad de mayo, que reflejaron una nueva contracción en términos intermensuales y reintrodujeron la preocupación sobre la solidez de la recuperación que se esperaba.

Análisis de las agencias de calificación

Las agencias de calificación suelen centrar su análisis en la capacidad de pago y el riesgo de default de los gobiernos. En el caso argentino, los registros recientes de superávit fiscal, de acumulación de reservas internacionales por parte del Banco Central (BCRA) y del proceso de desinflación funcionaron como argumentos centrales para la mejora de la nota de los bonos soberanos.

Perspectivas económicas

El director de C&T Asesores Económicos, Camilo Tiscornia, describió el proceso de calificación como un mecanismo que “le pone una nota al Gobierno argentino como deudor”. Según Tiscornia, la mirada de Moody’s y otras agencias no se detuvo en la caída puntual de actividad en mayo, sino que ponderó una visión más amplia sobre los sectores que pueden aportar crecimiento y flujos de divisas, como energía y minería, junto a la proyección de que el país cuente con mejores posibilidades para cumplir sus compromisos en los próximos años.

El economista de EconViews, Alejandro Giacoia, consideró que la consolidación fiscal y el proceso de desinflación, sumados al crecimiento de las reservas internacionales, permitieron que las principales agencias otorgaran una mejor calificación al país. Giacoia remarcó que el programa financiero del 2026-2027 que presentó Luis Caputo resultó “razonable” a los ojos del mercado, y que la Argentina quedó más cerca de volver a financiarse en el exterior tras un largo período de aislamiento.

La pregunta que se genera es inmediata: si las variables clave evolucionan tan bien, ¿por qué eso no se refleja en el nivel de actividad? ¿O cuánto tiene que pasar para que haya derrame y que la gente sienta los beneficios de las cuentas públicas ordenadas de la gestión de Javier Milei?

El viceministro de Economía, José Luis Daza, sostuvo que ya están los “brotes verdes” para que la sociedad empiece a percibir en forma generalizada los beneficios del orden macroeconómico, una expresión que hizo acordar a los tiempos de Mauricio Macri.

El próximo paso será esperar a que se conozcan los datos oficiales de actividad de los próximos meses para evaluar si la tendencia se revierte y la economía argentina comienza a crecer de manera sostenida.