La situación de la pobreza infantil en el país es alarmante. A pesar de la mejora en los últimos años, más de 4 de cada 10 niños siguen viviendo en hogares con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.

La brecha entre la pobreza y la indigencia

La brecha entre la pobreza y la indigencia es significativa. Mientras que la pobreza se mantiene en 42,5%, la indigencia ha disminuido notablemente, llegando a 9,5% en el primer trimestre de 2026. Esto se debe en gran medida a las transferencias sociales, como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar.

'Las transferencias garantizaron un piso mínimo frente a la indigencia, pero en general no alcanzaron para algo tan básico como salir de la pobreza', afirman las investigadoras Valentina González Sisto e Ianina Tuñón.

El impacto de las transferencias sociales

Las transferencias sociales han tenido un impacto significativo en la reducción de la pobreza y la indigencia. Sin embargo, su capacidad para proteger a los hogares ha cambiado con el ritmo de la inflación. La cobertura de la canasta alimentaria que aportaban la AUH y la Tarjeta Alimentar llegó a caer a mínimos de entre 12% y 38% durante el período más crítico de 2023-2024.

La situación es diferente en la indigencia, donde las transferencias sí reducen no solo la cantidad de hogares afectados, sino también la profundidad del problema. Allí aparece nuevamente el efecto de la AUH y la Tarjeta Alimentar, que han explicado más del 90% de la reducción estimada de la pobreza entre los menores de 18 años.

El desafío de salir de la pobreza

A pesar de la mejora en los últimos años, los hogares pobres no indigentes siguen enfrentando un desafío significativo para salir de la pobreza. La distancia promedio entre sus ingresos y el valor de la Canasta Básica Total (CBT) se mantiene en niveles similares a los registrados a lo largo de la serie. En otras palabras, aunque hay menos hogares pobres que en el momento más crítico, quienes continúan en esa situación no están sustancialmente más cerca de dejarla.

La reducción de la pobreza y la indigencia es un desafío que requiere una atención continua y sostenida. Es importante seguir trabajando para mejorar las condiciones de vida de los niños y adolescentes, y para garantizar que tengan acceso a los recursos y oportunidades necesarias para desarrollarse plenamente.