El agro brasileño arranca un nuevo ciclo con Lula da Silva en el Palacio del Planalto y con una certeza incómoda: la mayoría del sector le dio la espalda en las urnas y respaldó a Bolsonaro, incluso a través de su bancada parlamentaria. Aun así, el campo sabe que hay reglas que no se tocan y que el nuevo gobierno deberá resolver urgencias concretas: crédito, morosidad, logística y normativas ambientales.
La distancia con la Argentina ayuda a dimensionar lo que está en juego. A comienzos de los 2000, ambos países producían una cantidad similar de granos. Hoy Brasil acumula una ventaja equivalente a 12 cosechas récord argentinas, con más de 470 millones de dólares de diferencia. En 17 de los últimos 25 años el Partido de los Trabajadores (PT) gobernó el país, con tres mandatos de Lula y uno y medio de Dilma Rousseff.
Un modelo que sobrevive a las elecciones
El politólogo brasileño Daniel Vargas sostiene que el éxito del agro vecino no se explica por el suelo, el clima o la genética. La clave es política: el sector tiene un frente parlamentario que, tras los últimos comicios, reúne a 330 de 514 diputados y 60 de 81 senadores. Es decir, cerca del 60% del Congreso legisla a favor de las políticas agropecuarias, y esa correlación se mantiene más allá de quién ocupe la presidencia.
"Hay un núcleo del modelo brasileño que nadie discutió en la campaña", explicó Vargas.
Ese núcleo incluye dos pilares. El primero son las retenciones cero: Brasil nunca aplicó ese impuesto a la producción ni tiene previsto hacerlo, a diferencia de la Argentina, donde rige desde hace más de dos décadas. El segundo es el Crédito Rural, un programa de financiamiento contemplado en el presupuesto anual mediante el cual el Estado subsidia parte de las tasas y vuelca recursos al sector. Para el año próximo, los fondos previstos ascienden a 525.000 millones de reales.
El subsidio que equivale a media recaudación argentina
El economista Iván Ordóñez, autor de un trabajo reciente sobre el tema, puso el dato en perspectiva comparada: el programa recibió subsidios promedio por 3.000 millones de dólares. En sus palabras, los productores brasileños cobran como subsidio más de la mitad de lo que en la Argentina se recauda por retenciones.
Esa combinación de retenciones nulas y financiamiento subsidiado explica buena parte del salto productivo. Desde la Constitución de 1988, ningún presidente brasileño respondió exclusivamente al agro, y por eso el sector negocia con cualquier gobierno. La pregunta que se abre ahora es si Lula podrá atender las urgencias pendientes sin alterar el corazón de un modelo que llevó a Brasil a lo más alto del continente.