La publicación de Los desencantados del psicoanálisis, el curso que Jacques-Alain Miller dictó entre 2001 y 2002, volvió a poner sobre la mesa una pregunta que atraviesa al campo lacaniano: qué lugar ocupa el ensayista francés en la transmisión de la obra de Jacques Lacan. El texto, que integra el conjunto de enseñanzas conocido como La orientación lacaniana, circula ahora de forma oficial y alimenta un debate que excede lo académico.
Un discípulo que no se limita a repetir
La relación entre Miller y Lacan suele describirse con una imagen fuerte: si Lacan ocupa el lugar del maestro, Miller sería quien le dio forma a su mensaje y trazó las líneas más eficaces de su enseñanza. Esa comparación, que el propio autor del comentario admite como polémica, sirve para explicar por qué hoy se habla de millerianos y no millerianos, una división que se sumó a la clásica separación entre lacanianos y no lacanianos.
La paradoja, según esta lectura, es que algunos de quienes se declaran fuera de la órbita de Miller piensan con categorías que él mismo contribuyó a instalar. La discusión sobre si Miller hace decir a Lacan cosas que este nunca dijo queda desplazada por otro interrogante: qué alcance tiene su modo de leerlo.
Publicar como forma de intervenir
Miller no solo comenta a Lacan. También tiene a su cargo el establecimiento de los seminarios del maestro para su publicación, una tarea que algunos interpretan como una fuente de poder. Para el autor del texto, en cambio, se trata de una intervención atenta a la época: publicar es una manera de responder a la circunstancia con un nuevo volumen de la palabra.
Esa intervención no es reciente. Miller ya era una referencia cuando el autor de estas líneas comenzó a leerlo, y sigue siéndolo hoy, cuando es un hombre grande. La gratitud que expresa quien escribe no implica militancia: se define como alguien que no está en sus filas, pero reconoce lo que Miller le aportó al pensamiento psicoanalítico.
Una clínica que nace en los cursos
El interés sistemático por la obra de Miller se consolidó en los últimos años. En 2011, el ensayo de Nicolas Floury Le Réel insensé. Introduction à la pensée de Jacques-Alain Miller sorprendió a quien hasta entonces no le atribuía a Miller un pensamiento propio, más allá de su tarea de elucidar a Lacan. En 2023, Fernando José Ferrari publicó Leer con Miller: Otro Lacan. El nacimiento de la clínica milleriana.
Entre ambos extremos hay otros trabajos, pero esos dos producen un efecto de sentido: Miller también fundó una clínica psicoanalítica. Esa dimensión se vuelve más clara en sus cursos del cambio de siglo. Un ejemplo es La experiencia de lo real (1998-1999), donde Miller relata su regreso de un viaje a Estados Unidos y la visión de un cartel desde una ventana: Enjoy Coca-Cola.
La elucidación de esa escena es, para el autor, admirable: la bebida aparece como el nuevo plus de goce, el objeto que reformula esa noción a partir del momento en que es posible drogarse con cualquier cosa. Ya no se trata del objeto de goce afectado por la represión, que retorna desde la pérdida, sino del objeto de consumo, que escapa a la lógica de la neurosis.
Preguntas que siguen abiertas
La publicación de Los desencantados del psicoanálisis no cierra el debate sobre la empatía de los psicoanalistas lacanianos ni sobre el lugar de Miller. Lo reabre. El curso, dictado hace más de dos décadas, vuelve a circular en un momento en que la obra de Miller despierta un interés sistemático y en que la pregunta por su influencia sigue dividiendo aguas dentro del psicoanálisis.