En 1978 tres hermanos de Colón, Entre Ríos, decidieron invertir los escasos ingresos de su venta de verduras en una pequeña actividad avícola. Hoy la compañía procesa entre 65.000 y 70.000 pollos diarios, cuenta con alrededor de 800 empleados y exporta sus productos.
De la huerta al corral
Los Bonin iniciaron con apenas 150 aves, que sacrificaban manualmente y entregaban a los mismos clientes de la huerta. "Con la verdura que vendíamos comprábamos el alimento para los pollos", recordaron Abel y María Bonin.
Crecimiento y diversificación
En el año siguiente empezaron a integrar la cadena productiva, un modelo que se consolidó como eje del negocio. Primero vendieron pollos vivos en la zona y, con el tiempo, ampliaron su alcance a provincias como Tucumán, superando las limitaciones de transporte de la época.
Retos de competitividad y sostenibilidad
La empresa reconoce que para enfrentar a productores de Brasil debe mejorar su eficiencia. "Si queremos competir con los otros países, especialmente con Brasil, tenemos que buscar eficiencia", señalaron los hermanos. En los últimos tres años la inversión superó la de las dos décadas anteriores, incluyendo la construcción de galpones para 36.000 pollos, cuyo costo ronda los 300.000 dólares.
El alto precio de la energía eléctrica se ha convertido en un obstáculo; el consumo se triplicó en el último año. Para mitigar este problema, Bonin instaló paneles solares en varias granjas y estudia baterías de almacenamiento, aunque reconoce que cubrir la demanda de una planta de gran escala es mucho más complejo.
Mirada al futuro
La estrategia ahora incluye la producción de productos prefritos y alimentos listos para consumir, buscando agregar valor y adaptarse a los nuevos hábitos de compra. "Si querés quedar en el rubro, tenés que ocuparte de buscar la eficiencia. No hay otra", concluyeron.